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'Acuerdos' peligrosos

27/03/2013 | Carles Benito / Delegado de UGT en el Parador de Seo de Urgel

La lucha por un trabajo digno no se limita a la exigencia de mejorar o preservar nuestras condiciones laborales en el sí de una huelga o durante el procedimiento de una negociación colectiva. Estos medios, aunque imprescindibles, resultan ineficaces si ante la praxis que nos encontramos en el día a día no exigimos, por parte de todos, el respeto de los derechos reconocidos en las distintas disposiciones legales y reglamentarias y en nuestro convenio colectivo. En efecto, son muchos los casos, reflejados en la última acta de reunión de la Comisión de Seguimiento, donde salen a relucir las irregularidades que se están cometiendo en distintos Paradores, tanto en materia de elaboración de horarios y calendarios, como en supuestos de movilidad funcional, entre otros. El “acuerdo” es la palabra mágica utilizada para fundamentar estos hechos e invocada con la misma alegría que el “¡Tachánnn! del genial mago Tamarit.

Visto con el furor, que en la actualidad ha sido acogida esta fuente del derecho, analicemos en primer lugar una de las diferentes nociones que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, concretamente la siguiente: “4. Reflexión o madurez en la determinación de algo”. No creo que estas dos premisas se den cuando para alcanzar un pacto se utilicen los siguientes argumentos:1) La amenaza de la posibilidad de perder nuestros puestos de trabajos si no seguimos los turnos propuestos; 2) la advertencia de vernos avocados en otro ERE si no son seguidas a pie juntillas las propuestas de la dirección;3) el planteamiento de que en el momento de determinar quién se puede ver afectado por el ERTE, estarás más o menos protegido, dependiendo de la colaboración mostrada por el trabajador y la trabajadora. En definitiva, de reflexión y madurez nada de nada. Todo lo contrario, nos encontramos ante el sometimiento a compañeros y compañeras de una constante vis psíquica que consiste en el anuncio de un mal futuro para el trabajador o trabajadora que no acepte las propuestas que se le plantean. Ese mal no es otro que la probable pérdida de su medio de vida. ¿Hasta dónde hemos llegado? ¿Cómo se puede llegar a plantear semejante aberración ante hombres y mujeres que se han dejado la piel por esta empresa? En definitiva, se tratan de acuerdos que “per se” son nulos porque en ellos falta uno de sus elementos más esenciales y a la vez uno de los valores superiores que da sentido a todo nuestro ordenamiento jurídico: la LIBERTAD.

Por otra parte, la posibilidad de que estas situaciones pudieran darse ya han sido previstas por el legislador. Entre los diversos preceptos que tratan de evitar este abuso sistemático, destaca el punto 5 del artículo 3 ET, cuando dice que : “los trabajadores no podrán disponer válidamente, antes o después de su adquisición, de los derechos que tengan reconocidos por disposiciones legales de derecho necesario, ni tampoco podrán disponer válidamente de los derechos reconocidos indisponibles por convenio colectivo”. La prohibición que establece este precepto se fundamenta en: La existencia de normas de derecho necesario o ius cogens, que establecen unos mínimos que la voluntad de las partes no pueden moldear; y en la finalidad compensadora que históricamente siempre ha perseguido el derecho laboral, partiendo de la base que el trabajador o trabajadora al estar en una posición más débil que el empleador cederá ante las pretensiones de éste. No es óbice que ese imperium timere que se pretende instaurar busca precisamente dos efectos íntimamente relacionados: Imponer lo que no se ha conseguido en la mesa de negociación; y por ende, dejar sin efecto los pactos colectivos a favor de los individuales con la desventaja que ello conlleva para el/la trabajador/a.

En conclusión: acuerdos que por sí solos no se pueden catalogar como tales por vicio del consentimiento (1109 y 1112 CC); y acuerdos que vulneran el principio de jerarquía normativa impuesto por el 3.2 ET. No obstante, es preciso destacar que existe la posibilidad de pactar condiciones diferentes a las dispuestas por las normas ius cogens, pero siempre y cuando éstas sean más favorables (artículo 3.1 c) ET a contrario). Permíteme una pregunta ¿Crees que las condiciones propuestas en tu Parador son más favorables que las pactadas por nuestros/as compañeros/as en el ámbito de la negociación colectiva? Si es así te felicito…

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