Hacia un nuevo modelo económico y social en España
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Jueves, 18/10/2018
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Los datos de IPC no son síntoma de salud económica, sino de enfermedad grave

Caen los precios porque las políticas del Gobierno empobrecen a la población

13/11/2013 | UGT

Los datos de IPC correspondientes al mes de octubre, publicados hoy por el INE, reflejan una caída de los precios de cuatro décimas en su tasa interanual, hasta el -0,1%, la primera tasa negativa en cuatro años. Sin embargo, para UGT, esta deflación, lejos de ser positiva, se debe al estancamiento de la actividad, a la paralización de la economía, a la ausencia de expectativas favorables y al desánimo de los ciudadanos, por lo que supone una noticia muy negativa. Caen los precios porque la devaluación salarial y la pérdida de derechos de los trabajadores, debido a las políticas impuestas por el Gobierno, imposibilitan el consumo y la inversión, con unas medidas que están cercenando las posibilidades de reactivación de nuestro país y empobreciendo a la población. El sindicato demanda otra política económica que no hunda los salarios ni precarice las relaciones laborales, fortaleciendo los sistemas de protección social, una reforma fiscal profunda que aumente los recursos públicos y un plan de estímulo al crecimiento a nivel europeo basado en la propuesta de la Confederación Europea de Sindicatos (CES). 

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha dado a conocer hoy los datos del Índice de Precios de Consumo (IPC) del mes de octubre, que ha supuesto un aumento mensual de cuatro décimas respecto al mes anterior. Esto sitúa el IPC anual en una tasa negativa del -0,1%, cuatro décimas menos que el registrado en septiembre, en coincidencia con lo avanzado por el dato del IPC adelantado que se publicó el pasado 30 de octubre. 

Por su parte, la inflación subyacente, que mide la variación general de precios descontando los alimentos no elaborados y los productos energéticos, ha aumentado ocho décimas, pero en términos interanuales disminuye seis, hasta situarse en el 0,2%, la más reducida desde mayo de 2010. 

En cuanto al Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA), ha disminuido cinco décimas respecto al mes de septiembre, situándose en el 0,0%, una décima por encima del IPC general nacional. De este modo, el IPCA de España se sitúa por segundo mes consecutivo por debajo de la tasa media de la eurozona (0,7%)

Conclusiones 

Los precios de consumo en España han pasado a una situación de deflación, es decir, de caída en términos anuales. La cesta de la compra determinada por el IPC es, según el INE, un 0,1% más barata que hace un año. Es una situación poco habitual, pero no es la primera vez. Ya pasó en nuestro país hace poco, de marzo a octubre de 2009. 

En principio, que los precios de consumo se reduzcan, puede parecer positivo, en la medida que eleva el poder adquisitivo de los salarios. Pero, si se consolida, es una situación económicamente muy dañina para un país porque, al generar expectativas de menores ingresos entre las empresas, desincentiva la actividad. Además, encarece la devolución de las deudas y préstamos en términos reales y deprecia los activos de las empresas, que es tanto como decir que dificulta su acceso a la financiación. Estos dos efectos en España tienen gran relevancia, dado el alto nivel de endeudamiento público y privado existente y la sequía de crédito para proyectos de inversión empresarial. En suma, un proceso deflacionista alimenta la depresión de la economía. 

No es la caída de los precios, en consecuencia, nada de lo que alegrarse. No es síntoma de salud económica, sino de enfermedad grave. 

La intensa caída del IPC en los últimos dos meses (del 1,5% al -0,1%) se ha debido esencialmente a que en la elaboración del Índice en términos anuales se ha descontado ahora el impacto de la subida del IVA que entró en vigor en septiembre de 2012. Pero el hecho de que, una vez eliminado ese efecto, la tasa se sitúe en niveles negativos, en el contexto actual es muy significativo e inquietante. 

Porque la reducción de los precios no se produce en un contexto de crecimiento y como derivada de una mejora en el funcionamiento de los mercados de bienes y servicios, o por una actitud más responsable y beligerante de las administraciones públicas en sus funciones de vigilancia y control de determinados precios de bienes y servicios esenciales (de provisión pública o no). Se debe al estancamiento de la actividad, a la paralización de la economía, a la ausencia de expectativas favorables, al desánimo entre los ciudadanos y al aumento de las situaciones de búsqueda de la mera supervivencia entre la población. Caen los precios porque no hay consumo ni perspectivas de que lo vaya a haber en mucho tiempo; porque la política económica aplicada en nuestro país y en buena parte de Europa está cercenando toda posibilidad de reactivación y empobreciendo a la población. 

Conviene recordar que los precios también se redujeron en 2009 durante ocho meses (de hecho, la media en el conjunto del año se situó en el -0,3%), y que ese año fue sin duda el más duro de la presente crisis, destruyéndose 1,2 millones de puestos de trabajo. 

En este contexto actual, la caída de la inflación no se traducirá en una mejora del consumo de los hogares, que cayó un 2,8% en 2012 y se estima que caerá un 2,6 en 2013. De un lado, porque la devaluación salarial que ha provocado la política impuesta por el Gobierno ha sido y está siendo tan acusada que la pérdida de poder adquisitivo acumulada impedirá durante mucho tiempo, en ausencia de cambios sustanciales, la recuperación del gasto de las familias. Entre 2012 y 2013 se acumula una pérdida salarial real de 10 puntos porcentuales. Incluso ahora, pese al descenso de los últimos dos meses, hay que tener en cuenta que la inflación media en lo que va de año es del 1,7%, y que por lo tanto los salarios están perdiendo de nuevo poder de compra. 

Y de otro lado, porque la pérdida de derechos laborales que ha provocado la reforma laboral del Gobierno y la escasa confianza en su gestión han conformado un panorama de precarización del empleo e incertidumbre que es incompatible con el consumo y la inversión. 

Por todo ello, el dato de precios conocido hoy supone en realidad un nuevo encontronazo entre la propaganda del Gobierno y la realidad, y pone una vez más de relieve que, aunque el PIB trimestral crezca alguna décima en los próximos trimestres, y aunque algunas exportaciones aumenten, la situación que atraviesa la economía española sigue siendo muy preocupante. Una combinación de deflación, reducción continua de los salarios, precarización creciente del empleo y ausencia de inversiones y estímulos al crecimiento de todo tipo conlleva no son síntomas de recuperación económica, sino de progresivo empobrecimiento de los ciudadanos y de descapitalización del país. En definitiva, de pérdida de desarrollo. 

Y la única manera de revertir esta espiral suicida es cambiar la política económica, lo que pasa por algunas medidas imprescindibles: 

a nivel nacional, reversión de las medidas laborales y económicas que están hundiendo los salarios y precarizando las relaciones laborales (en particular, la reforma laboral y de negociación colectiva de 2012); fortalecer los sistemas de protección social para que palíen la pérdida de rentas que ha provocado la crisis en la mayoría de los ciudadanos, y especial en los colectivos más desprotegidos (desempleados, trabajadores precarios, pensionistas, familias monoparentales); e introducir una reforma fiscal profunda que sirva para aumentar los recursos públicos y mejorar la justicia de las aportaciones; 

y a nivel europeo, proponer un calendario de cumplimiento de los objetivos de déficit más realista, e impulsar un plan de estímulo al crecimiento como el que recientemente ha propuesto la Confederación Europea de Sindicatos (CES) bajo el título de "Un nuevo camino para Europa”

Caen los precios porque las políticas del Gobierno empobrecen a la población

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