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CONFEDERAL ı CONTABILIDAD NACIONAL

El Gobierno tiene que atender la exigencia del cambio de políticas reclamado ayer por la ciudadanía

15/11/2012 | UGT ı Nota de prensa

Los datos de contabilidad nacional publicados hoy por el INE, correspondientes al tercer trimestre del año, reflejan cómo las políticas del Gobierno nos están hundiendo en el abismo de la depresión económica, el paro masivo y la desigualdad social. Nada mejora, la situación es cada vez peor y el Gobierno está demostrando una absoluta incapacidad para sacarnos de la crisis y una tremenda soberbia al despreciar el diálogo social y político y al despreciar también el clamor popular, que le reclamó ayer con el seguimiento masivo de la huelga general y sus manifestaciones, la retirada de estas políticas tan regresivas. Ante esto, UGT reclama la convocatoria de un referéndum para que los ciudadanos de nuestro país puedan expresar su opinión sobre las medidas aplicadas, y exige la apertura inmediata de un proceso negociador para consensuar un Pacto de Estado político y social que permita reactivar la economía y el empleo preservando el Estado de Bienestar y los derechos laborales y sociales conseguidos a lo largo de nuestra democracia. Además, denuncia la actitud de los empresarios, que se están apropiando de la extrema contención salarial para continuar con la fuerte reducción de sus plantillas y para aumentar sus beneficios, incumpliendo así los compromisos alcanzados en la firma del II AENC 2012-2014.

Los datos de la Contabilidad Nacional Trimestral del tercer trimestre del año, hechos públicos hoy por el INE, reflejan el continuo deterioro de nuestra actividad económica, consecuencia directa de las políticas de drásticos recortes aplicada por el Gobierno del PP y amparada en las directrices de la denominada troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional).

El PIB ha caído un 0,3% respecto del trimestre anterior, y en términos anuales cae el 1,6%, dos décimas más que en el segundo trimestre del año (-1,4%). Es el dato más negativo desde el cuarto trimestre de 2009 (cuando caía un -3,1).

Estamos inmersos en una verdadera depresión económica, con descenso de la actividad productiva, una descomunal pérdida de empleo, y una fortísima caída del poder adquisitivo de las familias, en un contexto de persistente falta de expectativas de salida. Una situación que, aunque en origen se derivó de una crisis financiera y su impacto sobre nuestro tejido productivo, desde hace dos años y medio está siendo inducida directamente por las erróneas políticas puesta en marcha.

Todos los componentes de nuestra demanda interna se encuentran en situación de alarma. El consumo de los hogares cae un 2% (una décima menos que el trimestre anterior), el público un 3,9% (un punto más que en el segundo, por efecto de los intensos recortes), y la inversión total un 9,9% (siete décimas más que en el trimestre anterior, síntoma de la paralización de las ventas y de la ausencia de perspectivas de futuro).

En conjunto, la demanda nacional resta ya 4 puntos porcentuales al crecimiento. Es decir, que sin aportación positiva del sector exterior nuestra economía se estaría desplomando un 4%.

Porque el sector exterior aporta 2,4 puntos al crecimiento, igual que en el trimestre anterior, derivado de una ligera mejora del comportamiento de exportaciones (4,3%) e importaciones (-3,5%). Algo positivo, pero totalmente insuficiente en el panorama de fuerte contracción de la demanda interna. No es posible basar la recuperación en el sector exterior, y sin reactivación del consumo interno y de la formación bruta de capital de nuestras empresas no habrá salida de esta crisis.

Por el lado de la oferta, se intensifica la caída de la actividad en la construcción (-9,6% frente a -7,2% del segundo trimestre), se modera ligeramente en la industria (-3,0% frente a -3,3%) y se confirma la caída apuntada el trimestre anterior en los servicios (-0,5%, dos décimas más intensa). Sólo la agricultura mantiene tasas positivas (2,6%).

La consecuencia de esta caída de la actividad es la continua e intensa pérdida de empleos: 789.000 empleos netos menos en el último año (un 4,6%), y más de un millón en los últimos dos años (1.077.900). Más intensa aún es la caída entre los asalariados en este último año: 821.600 empleos (el 5,5%).

Todo ello a pesar de la ya evidente devaluación interna que está sufriendo nuestra economía. La remuneración total de los asalariados cae un 5,5%, derivada del efecto conjunto de la pérdida de empleo y del estancamiento de las retribuciones (nulo aumento en este trimestre). Por ello, los costes laborales unitarios se reducen un 3%, es decir, que cada unidad de producto generada por las empresas es un 3% más barata que hace un año debido directamente al abaratamiento de la mano de obra.

Sin embargo, los excedentes empresariales están aumentando a un ritmo del 2,7% anual. Es una situación tremendamente negativa e insolidaria, que refleja bien a las claras quién está soportando los esfuerzos en esta crisis: mientras los asalariados pierden masivamente sus empleos y ven cómo se recortan bruscamente sus retribuciones, las empresas siguen elevando sus beneficios como si no existiera la crisis. Y evidentemente, para muchos empresarios es así: en sus bolsillos no se está percibiendo la crisis; al contrario.

Si los precios crecen en nuestro país (medio punto porcentual según el deflactor del PIB, indicador de precios de la producción interna) es sólo culpa del aumento de los beneficios empresariales (aportan 1,9 puntos) y, en menor medida de los impuestos (0,5 puntos), porque los costes laborales están restando 1,5 puntos de inflación.

Esto refleja también quién está cumpliendo sus compromisos en materia de negociación colectiva y quién no. Las empresas de nuestro país están apropiándose de la extrema contención salarial realizada y continuando con la fuerte reducción de sus plantillas. Esto supone el incumplimiento de los compromisos alcanzados por las organizaciones empresariales CEOE y CEPYME en el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (ANC) 2012-2014, firmado junto a UGT y CCOO, y en el que se recogía la necesidad de moderar todas las rentas para hacer nuestros bienes y servicios más competitivos fuera.

Conclusiones

Los datos de la Contabilidad Nacional del tercer trimestre del año, en coherencia con todos los indicadores de actividad y empleo que se vienen conociendo en 2012, transmiten un inequívoco y alarmante mensaje: las políticas económicas que se están aplicando nos están hundiendo en el abismo de la depresión económica, el paro masivo y la desigualdad social.

Mientras algunos responsables del Gobierno apuntan a la existencia de datos esperanzadores y síntomas de mejora, la realidad estadística es tozuda y refuta estas infundadas e interesadas aseveraciones: nada está mejorando en términos económicos; al contrario, la situación es cada vez peor, porque las recetas que se están aplicando cercenan toda posibilidad de reactivación y añaden sufrimiento a las familias y dificultades a las empresas.

Cae la inversión de las empresas, sin demanda para sus productos y sin perspectivas de mejora; cae el consumo de los hogares, colapsado por el enorme desempleo, por la caída de las retribuciones de quienes aún trabajan y por el miedo al futuro; se desploma el gasto público, anatemizado como culpable de todos los males y objetivo de la estrategia neoliberal de recortes a la que estamos sometidos.

Los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año que se están tramitando ahora en el Parlamento son la expresión de esa política de ajuste ciego que nos está condenando al empobrecimiento colectivo presente y futuro. Sobre unas previsiones irreales, desacreditadas por todos los analistas, contienen un cuadro de actuaciones que persiste en la equivocada estrategia seguida hasta ahora: muchos recortes y ninguna medida de impulso a la actividad y al empleo. Unos presupuestos a la medida de los mercados y de Alemania, pero que desatienden las necesidades reales de trabajadores, familias y empresas.

Son estas políticas las que están empobreciendo nuestro país, realimentando la crisis. Unas políticas que, con el argumento de reducir el déficit para restablecer unas bases de crecimiento más sanas, en realidad están aniquilando las capacidades productivas del país y desmantelando el Estado de Bienestar, y transfiriendo los recursos de todos a las manos de muy pocos.

El listado de actuaciones que está aplicando el Gobierno del PP es ilustrativo: drásticos recortes presupuestarios en todas las partidas esenciales para el crecimiento (inversión en economía productiva, industria, infraestructuras, I+D+i); desmantelamiento de los servicios públicos esenciales, como la sanidad y la educación; recortes salariales a los empleados públicos y empeoramiento de sus condiciones laborales; recorte de las prestaciones por desempleo; subidas indiscriminadas de impuestos y amnistía fiscal para los defraudadores; y una demolición del marco laboral y del sistema de negociación colectiva que está propiciando una sangría de despidos a bajo coste.

Son políticas que se han demostrado sobradamente ineficaces para los objetivos que dicen buscar (reducir el déficit y reactivar la economía), pero que están consiguiendo el desmantelamiento de nuestro modelo social, el objetivo no declarado que siempre ha perseguido la derecha económica y política. Una vía que conduce al empobrecimiento de la mayoría de la población en favor de unos pocos, y a una regresión social y de derechos sin precedentes en los últimos cuarenta años en nuestro país.

Una estrategia amparada y promovida por las instituciones europeas, sometidas a los dictados interesados de la Canciller Merkel, pero que está siendo aceptada y aplicada complacientemente por el Gobierno ultraconservador de Mariano Rajoy, que está llevando a cabo un programa de gobierno completamente diferente al que comprometió con los ciudadanos españoles en las elecciones celebradas hace ahora casi un año.

El Ejecutivo está demostrando una absoluta incapacidad para sacarnos de la crisis y una tremenda soberbia al gobernar en solitario, despreciando el diálogo social y político. Pero España no se lo puede permitir.

Sólo un cambio de políticas puede revertir esta situación y reconducir paulatinamente nuestra economía a la senda del crecimiento y la generación de empleo.

El Gobierno debe rectificar, tal y como ayer le reclamaron los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país con el seguimiento masivo de la Huelga General y en las diferentes manifestaciones que tuvieron lugar en nuestro territorio.

Una petición contundente y solidaria que trascendió nuestras fronteras, puesto que se desarrolló simultáneamente en otros muchos países de la Unión Europea en forma de huelgas, manifestaciones o concentraciones, en seguimiento de la Jornada de Acción y Solidaridad Sindical unitaria convocada por la Confederación Europea de Sindicatos para reclamar un cambio de las políticas de ajuste drástico que están asolando buena parte de los países de la zona, y para reivindicar una salida social a la crisis

Un Gobierno democrático no puede despreciar este clamor popular. Si quiere legitimar su acción de gobierno, debe convocar un referéndum para que los ciudadanos puedan expresar su opinión sobre las políticas aplicadas, que constituyen un verdadero programa oculto del Partido Popular que no ha sido avalado en las urnas.

Pero, sobre todo, los ciudadanos exigen la retirada de las regresivas medidas de recortes de derechos, prestaciones sociales y servicios esenciales aplicadas hasta el momento, y un cambio en la estrategia aplicada.

Por eso, UGT exige la apertura de inmediato de un proceso de diálogo e interlocución política y social con el objetivo de establecer propuestas y alternativas que permitan compatibilizar la reactivación de la actividad económica y del empleo y el reequilibrio presupuestario, sin mermar nuestro estado de bienestar y preservando los derechos laborales y sociales conquistados a lo largo de las últimas década. Algo que UGT viene defendiendo con propuestas concretas desde el inicio de la crisis y que es no sólo posible, sino imprescindible.

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