Hacia un nuevo modelo económico y social en España
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Jueves, 21/06/2018
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NO A LA REFORMA LABORAL | Entrevista a Cándido Méndez en Cambio16

"Esta guerra sin armas, con tanta austeridad, dejará profundas cicatrices"

La tensión entre trabajo y capital deja ver el peligro que corre la cohesión social al ser anulados derechos históricos. Los laborales son consecuencia de años de confrontación. Méndez acusa al Gobierno de utilizar la crisis como coartada para provocar una involución.

27/02/2012 | Fuente: Cambio 16

A Rajoy la reforma laboral le puede costar una huelga general ¿Qué le va a costar a los sindicatos?

Sinceramente no lo sé y si me permite creo que eso ahora es secundario. Mi preocupación es qué le puede costar a nuestro país esta modificación de las leyes laborales. En qué contribuye a superar la crisis. El presidente del Gobierno ya ha dicho que en nada, que los efectos los veremos cuando crezca la economía. Poco han durado las fábulas que alimentó en la oposición cuando reconoce que en 2012 y en 2103 en España se seguirá destruyendo empleo. ¿Qué efectos podemos esperar de una reforma que se centra en reducir los costes del despido? Hay que tener mucho desparpajo para argumentar que abaratando el despido, en plena recesión, el efecto será que se despida menos.

Ahora bien y volviendo al tenor de su pregunta, la derecha más conservadora y extremista, esa que algunos llaman liberal, tiene como objetivo desprestigiarnos. Saben perfectamente por qué lo hacen y contemplan esta crisis como una gran ocasión para intentar enfrentar a los desempleados y a los trabajadores en precario con los sindicatos. El presidente del Gobierno concluyó su intervención en el Congreso, el pasado 15 de febrero, con esta idea. La vicepresidenta lo ha hecho tras el Consejo de Ministros. Es un recurso que, conociendo nuestra historia, resulta inquietante ya que no tardan en aparecer esos que Lorca llamaba “los putrefactos”.

Todos los políticos saben qué hay que hacer para crear empleo y sin embargo cuando llegan al poder enmudecen y se pierden en laberintos que no conducen a ninguna parte y generan inseguridad y desconfianza.

No da la impresión de que la derecha, una vez logrado el poder, esté enmudecida o perdida. Más bien todo lo contrario, tiene muy claro para quién está gobernando. No participo del uso peyorativo de esa categoría de “los políticos”, en la que algunos insisten, creo que con propósitos algo turbios. Con la política gestionamos nuestra convivencia. Somos un país muy joven en los usos democráticos y por eso debemos ser especialmente críticos con el desprestigio de nuestras instituciones. Si una administración se enfrenta con situaciones, imprevistas o no y lo hace desafortunadamente, se juzgará su gestión; pero este Gobierno, cuando era oposición, sabía perfectamente a qué escenario se enfrentaba. Cabe preguntarse si no se está produciendo un cierto fraude con los que le votaron. Los ciudadanos deben reflexionar y actuar en consecuencia si piensan que se les engañó. Eso es cultura democrática. Pero ya le digo, la derecha no se caracteriza por enmudecer. 

Todas las medidas que se han adoptado han ido dirigidas contra los trabajadores ¿Siempre se rompe la cuerda por la parte más débil?

Cuando tenga oportunidad vaya a ver La dama de hierro. Es un poco hagiográfica, pero sirve para observar como la solidaridad y la cohesión social son, para algunas ideologías, algo propio de sociedades débiles. Esas ideologías que llevadas a su extremo, exacerbados los nacionalismos y la xenofobia, enfrentados los parados con los sindicatos… son algo inquietantes.

El paro hunde sus raíces en la falta de crédito y en la reducción del gasto público, ¿por qué entonces se aprueba una reforma financiera que sigue dando fondos públicos gratis a los bancos mientras los trabajadores siguen pagando los platos rotos de la crisis?

Lo que está sucediendo en España tiene causas externas, el estallido financiero, y causas propias, nuestro modelo de desarrollo económico, que ha tenido además efectos sociales muy negativos. Asumimos la obligación de contribuir a modificar ese modelo, sabiendo que no vamos a conseguirlo de un día para otro, y permítame que añada, creo que este Gobierno no tiene voluntad de hacerlo. Ahora bien, no podemos dejar que se colapse la cohesión social y tampoco nuestro sistema financiero.

Le digo esto porque, cuando he insistido en la obligación que todos tenemos de asentar cultura democrática, creo que es algo que afecta muy singularmente al rigor con que se abordan los temas, porque, al menos en lo que yo conozco, a las instituciones financieras en nuestro país no se les han dado gratis fondos públicos, han sido créditos y avales a un interés.

Hace algunas semanas asistí a una conferencia del señor Richard Koo, el economista jefe de Nomura, que envió un mensaje muy claro: controlen a sus bancos, pero no dejen que caigan. Nuestras críticas no han ido dirigidas a las decisiones gubernamentales para evitar la quiebra de bancos y cajas, lo han sido al regulador, al gobernador del Banco de España, más preocupado en romper el equilibrio de nuestras leyes laborales que en cumplir correctamente su trabajo. Nuestras críticas lo son a esos gestores financieros que han hecho de la especulación y el riesgo el factor de crecimiento de su negocio.

Alguien escribía recientemente que las burbujas inmobiliarias, por su penetración social, son más dañinas, corroen más los valores de una sociedad, que el narcotráfico. Y no hay burbuja sin que sople el que tiene el dinero. Resulta un sarcasmo oír a un banquero imputar a las decisiones políticas las causas de la ruina social que han provocado. Aunque, bien visto, quizás tenga razón, pero no por acción, sino por omisión. Se debería tomar nota de sus palabras. Pero hoy lo urgente es que el crédito llegue a las empresas.

Usted ha hablado de la atracción fatal entre la reducción del déficit público y la destrucción de empleo. ¿Qué recetas habría que aplicar para salir de la recesión?

Pretender que los recortes presupuestarios, en una economía deprimida, impulsaran la expansión, al aumentar la confianza de los inversores, las empresas y los consumidores es pura fantasía. Eso no ha sucedido en ninguna parte. Estamos atrapados en una lógica que, si no la modificamos, arrasará años de progreso social. La desconfianza que hoy produce el descontrol del déficit, mañana será sustituida por la que suscite la falta de crecimiento.

Es un círculo vicioso. Lo que ahora está sucediendo en países de nuestro entorno como Grecia y Portugal es un claro ejemplo del fracaso de esa austeridad autoritaria. Flexibilizar los plazos de reducción del déficit no sé si entra en la categoría de receta, pero sí en la de necesidad urgente.

Nos preguntamos qué resultado ha logrado el presidente del Gobierno español a este respecto en el Consejo Europeo del pasado mes de enero. Mucho nos tememos que ninguno. Parece que ahora lo intenta de nuevo.

La Unión Europea se está construyendo de una forma poco democrática ¿Por qué ya nadie cree en la reivindicación de la solidaridad y defensa de los valores democráticos como la negociación colectiva?

Es una forma de verlo, aunque no creo que la Confederación Europea de Sindicatos, que representa a millones de trabajadores europeos, comparta su última afirmación. Pero observe un detalle, cuando la socialdemocracia no acierta se dice que la izquierda se equivoca. Sin embargo, cuando la derecha pasa el rodillo parece como si se tuviese un cierto temor a decirlo y se emplea un eufemismo, “la democracia, la política”, y ahí estamos todos. Supongo que no tendrá nada que ver con quien detenta la propiedad de los medios de comunicación. Europa la está destruyendo la derecha. Pruebe a buscar solidaridad en los documentos aprobados por el Consejo Europeo del 8 y 9 de diciembre. Lo suscribieron gobiernos democráticos y legítimos, sí, pero de derecha. Hay que llamar a las cosas por su nombre.

Habla incluso de suicidio de la Unión Europea en términos económicos y políticos, de credibilidad y confianza ¿En qué nos estamos equivocando?

Los que están imponiendo el ajuste son los que hablan de pérdida de credibilidad y confianza. Así lo pretenden justificar y ese es su gran error. Por primera vez la mayoría de los préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI) se concentran en la zona euro; las adquisiciones de deuda por China, que acumula más de 3.2 billones de dólares en reservas, están siendo la salvación de los países europeos con problemas para colocar nuevas emisiones. Soberanos subsidiarios, así es como se conoce a algunos estados de la eurozona. Creo que el afán de dominio, esta guerra económica, solapada tras la austeridad autoritaria que se está produciendo en Europa –Delors lo ha avisado: “No solo hay guerra con armas”– va a dejar cicatrices muy profundas. Se está produciendo una degradación que costará mucho revertir. Necesitamos un gran acuerdo social en favor del crecimiento económico, del empleo, pero también para defender nuestro patrimonio más valioso: el Estado del bienestar y el modelo social europeo.

¿No se está haciendo mucha demagogia con el sufrimiento de los trabajadores? ¿Y con el despido?

No es mi caso, más bien al contrario, si de algo se puede estar pecando es de responsabilidad.

Entiende que se debe respetar el acuerdo firmado entre patronal y sindicatos ¿Qué está dispuesto a hacer para que no se modifique?

El acuerdo apuesta por la flexibilidad negociada, es decir buscar fórmulas a través del salario, los horarios y la movilidad interna en la empresa, para que, de verdad, la última alternativa sea el despido. Justo lo contrario de lo que ha hecho el Gobierno con la reforma laboral, ya que en sus consecuencias prácticas se plantea el despido como primera vía, de tal forma que ha hecho justo lo contrario de lo que necesita nuestro país. Ahora bien, los acuerdos los deben cumplir las partes que los suscriben y nosotros apelamos a la responsabilidad de las organizaciones empresariales.

¿En qué consisten los mecanismos de flexibilidad negociada en materia de contratación y despido?

Lo que dice la norma aprobada por el Gobierno es que un empresario unilateralmente puede reducirle a cualquier trabajador el salario o cambiarle el horario y si el trabajador no está de acuerdo se produce el “y si no te despido”. No parece que dé mucho margen para negociar.

¿Su apuesta por la contención salarial es entendida por los trabajadores?

Nosotros acordamos en 2010 un incremento moderado de los salarios que ayudase a la recuperación que podría producirse en 2011. Hoy la situación es bien distinta, nuestro país está en una situación muy delicada y los trabajadores entienden que lo que se busca es proteger el empleo. Hay contención salarial y, también, el compromiso de que una mayor parte de los márgenes empresariales se dediquen a inversión productiva; así como la vigilancia de los precios de los bienes y servicios esenciales, en particular de los que son competencia de las Administraciones públicas.

Insiste en que hoy no se debe hablar de la Seguridad Social ni siquiera para defenderla. Tampoco de las pensiones ¿Qué vislumbra en el futuro? ¿Se verán obligados a trabajar los pensionistas?

Tiene usted razón. Así que me remito a mis palabras y al acuerdo de pensiones que da estabilidad y seguridad a nuestro sistema público.

El problema en relación con el déficit no es de gasto, que se ha recortado, sino de una caída brutal de los ingresos. ¿Resulta una fantasía imposible bajar impuestos, reducir el déficit y mantener derechos? ¿Una subida del IVA incentivaría el consumo?

No, no es ninguna fantasía, hinche usted otra burbuja inmobiliaria o de lo que se le ocurra y ya lo tiene, lo que le dure. Emplea muy acertadamente el término fantasía. Cuando hablamos de impuestos hay que sustituirlo por pedagogía. Pero, cómo hacerla si no estás convencido del papel del Estado como elemento que redistribuye la riqueza que genera la nación. Tengo guardada la primera página de un periódico que después del discurso de investidura del señor presidente titulaba: “Menos leyes, menos administración, menos gastos, más libertad” Esto lo vemos en la derecha, pero es que no hace mucho oíamos que bajar impuestos era de izquierda. Nuestro bienestar social lo pagamos quienes trabajamos en España. La sociedad decide cuánto bienestar quiere y puede pagar, pero no se puede volver a engañar con crecimiento basado en burbujas.

Con las cifras de paro, la exclusión y el riesgo de pobreza, ¿por qué no se produce un estallido social?

En España la pobreza y la exclusión no son un riesgo, son una desgraciada realidad. Nos enfrentamos ante una situación en la que la pobreza y la exclusión –que el INE sitúa en el 22% de la población– se pueden hacer crónicas. En palabras del responsable de una importante organización humanitaria, “ya no estamos padeciendo una crisis, sino que se está conformando un nuevo mundo en el que los pobres son aún más pobres”. Nuestro país tiene un colchón muy importante que son las familias, que están complementando a la red pública de asistencia, erosionada y disminuida, pero todo tiene unos límites. Ahora a los padres con empleo se les da otra vuelta de tuerca, vía presión fiscal, o reducciones de salario, cuando no la amenaza del paro. Estamos bordeando los límites.

Mire, aunque los hechos me llevan a pensar lo contrario, un gobierno no puede permitir que su país se deshaga y se fracture socialmente. Estamos ante una situación de emergencia. Es una tarea que no se puede abordar en solitario, por mucha mayoría absoluta que se tenga. Insisto en apelar a la sensatez de todos.

¿Hay mucho desempleado instalado en la economía sumergida?

Si usted me lo permite, prefiero alterar un poco la pregunta: ¿hay mucho desaprensivo que habitualmente defrauda a la Hacienda Pública que se aprovecha del paro y la necesidad? No me pida que lo cuantifique, pero ya le digo que sí.

Si la reforma laboral, esta y las anteriores, no sirven para crear empleo, ¿para qué se hacen? ¿Para contentar a la patronal?

Hace dos días me llamó un responsable del sindicato para informarme de que en un conocido restaurante de Madrid la empresa les había comunicado que, o aceptaban una reducción del salario del veinte por ciento, o se despedía a nueve trabajadores. Creo que está contestada su pregunta. Entre el trabajo y el capital hay una continua tensión. El derecho del trabajo, los derechos laborales son la consecuencia de años de confrontación. Muchos millones de seres humanos no los tienen. No es una broma lo que estamos hablando. No se nos ha regalado nada y hoy, en una situación que debilita a los trabajadores y sus sindicatos, intentan arramplar con lo que puedan. El Gobierno no pretende solucionar el problema del paro, utiliza la crisis como coartada para provocar una involución laboral.

¿Cuántas veces ha estado esperando a que lo llamen para ser ministro de Trabajo?

La verdad es que ninguna.

Si los sindicatos pierden las subvenciones públicas, ¿cómo se financiarían?

Deberíamos esforzarnos para ser rigurosos. Cuando una administración pública ayuda al sindicato para que asesore a inmigrantes o a mujeres maltratadas en Casas de Acogida, o a los trabajadores españoles cuando van a la vendimia en Francia, lo hace porque sabe que es un trabajo que hacemos bien. Eso es una subvención. Hay que explicar desde luego en qué se invierte el dinero.

Nosotros se lo justificamos al Tribunal de Cuentas cuando nos lo pide y lo hace con frecuencia. Lo mismo sucede con la formación, que es un dinero de los trabajadores y los empresarios, no se olvide que con un destino fijado. Sabe lo que creo que sucede, que en la formación estamos hablando de cifras muy importantes y pasa lo mismo que con las pensiones: si se desprestigia al sistema público puede aparecer un plan privado.

Pero no quiero dejar de contestar su pregunta. En torno a un 85% de nuestro presupuesto corresponde a los ingresos por cuotas de nuestros afiliados y a los recursos propios. Nosotros somos una organización muy austera. Si se retiran subvenciones intentaremos prestar algunos servicios con nuestros medios, si no podemos la sociedad dejará de recibirlos, al menos los que nosotros prestamos.

Se le ha visto muy fotogénico en el 38 Congreso del PSOE ¿Usted, en su calidad de militante, es de los que ha ganado o de los que se ha sometido?

No me cabe duda que usted ha seguido la última jornada del Congreso por la radio. Y si ve las acepciones del término someter comprenderá que a mí me sean muy ajenas y sobre todo según qué prácticas. Creo que el PSOE tiene la obligación de acertar y soy de los que piensa que los congresos no se equivocan.

El PSOE tiene heridas muy profundas. Usted ha dicho que debe recuperar centralidad y autenticidad ¿A qué se refiere?

Las clases medias son una parte esencial del electorado de la socialdemocracia y lo son precisamente porque están nutridas de trabajadores. Ahí está la mayor parte del voto de centro y centro izquierda que ha perdido el PSOE en los últimos tiempos. Cuando digo que se debe recuperar la centralidad me estoy refiriendo a recuperar el papel de pilar central que en la política de este país ha tenido el Partido Socialista, que creo que en cierta medida se ha debilitado.

Central desde el punto de vista social, un partido al que le vote alguien que pueda ser conservador en materia económica, pero progresista en materia de derechos sociales o a la inversa. Y hay que recuperar valores que se enraícen con el proyecto socialista del siglo XXI. Le pongo un ejemplo, es una frase que he citado antes: bajar impuestos es de izquierdas; bueno, pues ni en broma. Pedagogía para construir una sociedad responsable, toda

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