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LA PLATAFORMA

Han llegado las oportunidades

26/06/2012 | Santos Nogales Aguilar

La Gran Vía madrileña es uno de los primeros recuerdos de mi desembarco en Madrid. Mi familia, como tantas otras, llegó a la capital empujada por los planes de desarrollo del Régimen. Lo que más poderosamente llamó mi inocente atención entonces fueron los llamativos escaparates llenos de letreros que anunciaban la llegada de las oportunidades.

Ha transcurrido el tiempo y ahora, cabalgando sobre una crisis de consecuencias desconocidas, la palabra oportunidades ha perdido vigencia en beneficio de la más publicitaria, rebajas. Y mucho me temo que dentro de poco el significado de esta quede asociado irremediablemente a la pérdida de derechos más que a la posible oportunidad o ventaja que el consumidor pudiera tener en las compras durante un determinado periodo del año.

Parece que ha sonado el pitido inicial y ningún gran comercio quiere ser el último en poner en marcha la modificación de jornada, los cambios de turnos, las ampliaciones horarias, en definitiva, la flexibilización total y sin garantías para los miles de trabajadores y trabajadoras que cada día levantan las persianas de esos boyantes negocios.

Desde los imponentes hipermercados, pasando por los más cercanos supermercados, todos han emprendido una desordenada carrera para modificar la actual distribución de la jornada bajo el dogma de adecuar la misma a la actividad del centro de trabajo. Loable paradigma si llevara aparejado un proceso negociador en igualdad de condiciones entre quienes toman tal decisión y quienes sufrirán sus dañinas consecuencias.

La operación no requiere mayores dosis de investigación ni un notable esfuerzo organizativo: basta con echar mano de las facultades que la reciente reforma laboral concede graciosamente al poder empresarial. Ahora tienen en sus exclusivas manos la posibilidad de modificar, cambiar y sustituir la jornada de los trabajadores, o sea, amoldarla arbitrariamente a sus insolidarias necesidades y antojos. Y por si esto fuera poco, ven como desde ciertos ámbitos políticos les otorgan el anhelo de alargar ilimitadamente la jornada comercial.

Es esta una práctica nociva que primero sufrirán los trabajadores de esos megacentros del consumo, pero que poco a poco irán padeciendo los pequeños y medianos empresarios, que verán como quedan fuera del circuito de la competencia. Porque mientras las grandes compañías gozan de libre albedrío para ampliar o reducir las jornadas, las pequeñas empresas, condicionadas por su escaso número de empleados y el dictado de las leyes físicas, apenas tendrán ni ocasión ni espacio para hacer lo mismo.

Pero volviendo a mis recuerdos, cada vez va quedando más difusa la posibilidad de contrarrestar estas nuevas potestades empresariales. Los trabajadores y sus sindicatos, despojados de valiosos escudos legales, hemos visto mermada significativamente nuestra capacidad real de acción. De momento, los gigantes de la distribución comercial no tendrán que soportar el “engorroso trance” de negociar democráticamente las condiciones vida y trabajo de sus empleados. Tanto ellos como los dirigentes de turno han reducido a su mínima expresión las instituciones sobre las que descansaban los principios del diálogo social –recursos que compensaban y protegían a la parte más débil de la negociación–; hoy no son mas que una mera formalidad vacía de contenido. Todo cuanto han arrebato sin recato ni pudor a los más débiles se lo han entregado a los poderosos.

Por eso ahora llaman rebajas a lo que antes eran oportunidades; y por eso la “mercancía” ya no cuelga de perchas o se expone en luminosos escaparates, sino que podéis cruzaros con ella en cualquier estación de metro o tras el umbral de los grandes establecimientos comerciales exhibiendo una sonrisa de circunstancias.

Y aun así, no debemos caer en la inacción o el desistimiento. ¡De eso nada! Ante esta avalancha flexibilizadora o, mejor dicho, aniquiladora de grandes conquistas, nuestra organización sigue promoviendo alternativas que preservan el derecho al trabajo sin menoscabo de la conciliación; y que supondrían, finalmente, el pleno disfrute del descanso semanal. Y sobre todo, la UGT y sus militantes tienen capacidad de resistencia y ánimo suficientes para continuar defendiendo sin condiciones ni desmayo los intereses de los trabajadores y trabajadoras. Nunca alimentaremos sus afanes con nuestro desencanto porque, a pesar de sus esfuerzos, ¡siempre hay y habrá oportunidades

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