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La reactivación económica no se alcanzará con políticas de recorte de gasto y con reformas laborales que abaraten costes

La prioridad de recortar el déficit está comprometiendo nuestro crecimiento económico futuro

07/04/2011 | UGT

El Gobierno ha actualizado sus previsiones económicas para los próximos años y, en ellas, ha reconocido los efectos negativos sobre el crecimiento económico de las políticas de ajuste del déficit llevadas a cabo. UGT considera que la prioridad de recortar el déficit está comprometiendo el crecimiento económico futuro y perjudicando el empleo. El sindicato manifiesta que el crecimiento económico no se alcanza con políticas de recorte de gasto y con reformas laborales que intentan abaratar costes, sino con la estimulación de la actividad económica. Por ello, UGT demanda políticas que sigan la línea del consenso, como el Acuerdo Social y Económico, y medidas de iniciativa pública que estimulen la creación de empleo y contribuyan a reducir la factura energética, como el plan de rehabilitación de viviendas.

Cumpliendo con los cambios en la manera de coordinar las políticas económicas en el seno de la Unión Europea (la llamada nueva gobernanza económica), el Gobierno ha actualizado sus previsiones económicas para los próximos años.

Y en esta actualización ha reconocido los efectos negativos que, no sólo sobre el crecimiento económico a medio y largo plazo, sino, especialmente, sobre el empleo han tenido las políticas de ajuste del déficit llevadas a cabo.

Esta modificación en las previsiones, con una reducción del crecimiento en los años 2012 y 2013 de dos y tres décimas, respectivamente, confirman que el plan de ajuste y los recortes de gasto introducidos en el del Real Decreto Ley 8/2010, del 20 de mayo, de medidas urgentes para paliar el déficit, suponen un freno a la posible recuperación económica que hace unos meses parecía atisbarse.

Esos recortes ya supusieron una merma del crecimiento económico en 2010, reconocida por el propio Gobierno, que modificó en junio sus previsiones iniciales de febrero (donde se suponía un crecimiento del PIB para 2011 del 1,8%) hasta rebajarlas a un 1,3%, es decir, medio punto porcentual. Esta previsión para 2011 se mantiene ahora (a pesar de que organismos internacionales como la Comisión Europea o el Fondo Monetario Internacional, pronostican la mitad de crecimiento, alrededor del 0,7%), y se rebajan las posteriores. La prioridad de recortar el déficit está comprometiendo el crecimiento futuro.

Esta minoración de la actividad económica tiene una repercusión directa sobre el empleo: en el año 2010 la destrucción de empleo ha sido superior a la prevista inicialmente por el Gobierno y para los años siguientes la creación de empleo se rebaja hasta en tres décimas para los años 2012 y 2013. Con ello, se eleva la previsión de la tasa de paro, situándose incluso en 2013 por encima del 17% de la población activa.

Esta repercusión es aún más grave si se considera que por el camino se ha impuesto una reforma laboral que tenía como objetivo, según el Gobierno, crear empleo. La modificación de las perspectivas macroeconómicas confirma que las reformas laborales no crean empleo, lo hace la actividad económica. Si no hay crecimiento económico consolidado, es imposible que la creación de empleo sea un hecho.

Luego no se trata de hacer más atractivo el empleo, como se pretende desde el llamado Pacto del Euro Plus, o la Estrategia Europa 2020, sino de estimular la actividad y recuperar la senda de crecimiento económico sostenido, duradero y equilibrado, que permita no sólo crear empleo, sino, además, empleo de calidad en un consolidado, y no disminuido, Estado de Bienestar.

Que el Gobierno haya asumido la negativa repercusión de las políticas hasta ahora adoptadas plantea la necesidad de cambiar el rumbo de las mismas.

El crecimiento económico no se alcanza con políticas de recorte de gasto y con reformas laborales que intentan abaratar costes: no estamos ante una crisis de oferta sino de demanda, por lo tanto las soluciones no pasan por flexibilizar y recortar, sino por estimular la actividad económica.

La reconstrucción fiscal, potenciando una estrategia que favorezca el incremento de los ingresos y que no se quede sólo en el ajuste a través del recorte de gastos, es lo que urge para crecer económicamente y con ello, estimular la demanda de empleo.

Por tanto, las políticas adecuadas deben seguir en la línea del consenso y los acuerdos, como el Acuerdo Social y Económico, donde se trata de facilitar e impulsar el tan necesario cambio de modelo productivo, hacia uno que nos permita recuperar los ritmos de crecimiento económico.

El necesario cambio en el modelo productivo ha de anteponerse a la reducción del déficit sin más. Reducir el déficit no genera actividad económica: buscar las industrias, sectores y nichos de mercado que permitan crecer en el futuro, de manera sostenida, equilibrada y duradera, sí favorecerá el crecimiento y desarrollo económico que arrastrará a la demanda de empleo y favorecerá la reducción de las tasas de paro.

Para alcanzar este cambio de estructura productiva se ha de potenciar la creación de empleo en los sectores que tienen más posibilidades, actualmente y en el futuro: es necesaria una reconversión sectorial. Para ello hay que trasladar fuerzas productivas hacia sectores que aporten mayor valor añadido y demanden empleo de calidad, mediante las necesarias políticas de orientación, desde el punto de vista formativo (reconversión en la cualificación de los trabajadores), de infraestructuras y dotaciones suficientes, sobre todo desde el punto de vista tecnológico (inversión en I+D+i), energético (potenciando el ahorro, la eficiencia y la suficiencia energética) y medioambiental (controlando la gestión de los residuos y de los recursos naturales).

En este sentido, medidas que estimulen la utilización de recursos, que permitan generar empleo y contribuir a la reducción de la factura energética, como puede ser un plan de rehabilitación de viviendas, son las políticas adecuadas, a corto plazo, para paliar los efectos de la baja actividad económica.

Este tipo de políticas buscan anticipar la creación de empleo y pueden facilitar la consecución de mayores niveles de recuperación, pero ésta solo comenzará cuando haya actividad económica suficiente.

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