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España no posee un problema objetivo de endeudamiento público

La solución a la crisis en España pasa por crecer y crear empleo, no por recortar el sector público

19/06/2012 | UGT ı Nota de prensa

La crisis ha impulsado la deuda pública en España, y no al revés.

Ésta permanece en un nivel muy moderado en el contexto europeo (por debajo de Alemania, Francia y muy inferior a la de otros países afectados por la crisis financiera, como Grecia, Italia, Irlanda y Portugal).

Ha sido la deuda privada la que ha generado un problema de financiación en la economía española -casi se triplicó de 1996 a 2010, alcanzando el 211% del PIB.

Éstas son algunas de las conclusiones del análisis elaborado por UGT sobre el endeudamiento público y privado en la etapa expansiva y durante la actual crisis económica.

El sindicato considera que el germen de este endeudamiento privado (familias y sobre todo empresas) hay que situarlo en los bajos tipos de interés y en el escaso rigor de las entidades financieras a la hora de conceder préstamos y créditos, en especial en el sector inmobiliario, durante la época de bonanza económica.

Un modelo impulsado por el entonces Gobierno del PP, que posteriormente el PSOE no corrigió, nos ha llevado a la situación actual, y que es necesario cambiar, como viene reclamando y denunciando UGT desde hace ya una década.

Durante la anterior etapa expansiva, nuestro país redujo continuamente la deuda pública, que descendió durante once años consecutivos (de 1996 a 2007).

En sentido contrario, en el mismo período la deuda privada (familias y, sobre todo, empresas) creció sin parar, como consecuencia de los bajos tipos de interés y del escaso rigor de las entidades financieras a la hora de conceder préstamos y créditos, en especial para el sector inmobiliario.

De este modo, al inicio de la crisis (2007) la deuda pública española se situaba en un reducidísimo 36% del PIB, una de las más bajas de la zona euro, mientras que la deuda privada alcanzaba ya el 188%.

  • Ha sido pues la deuda privada la que ha generado un problema de financiación en la economía española, y no la pública, como interesadamente a veces se pretende transmitir.
  • La deuda del sector privado casi se triplicó de 1996 a 2010, alcanzando el 211% del PIB. Es decir, las empresas y las familias deben una cuantía equivalente a más de dos veces nuestro PIB. De 2004 a 2008 creció a un desmesurado ritmo anual medio de 20 puntos del PIB. Desde entonces, como efecto conjunto de la restricción de crédito derivada de la crisis, de los efectos de ésta sobre la renta disponible de hogares y empresas y de la caída de expectativas, el endeudamiento privado prácticamente ha dejado de crecer. Aunque sigue estando entre las más elevadas de la zona euro.

  • Y es entonces, desde 2007, cuando la deuda pública viene creciendo con fuerza, como consecuencia de las necesidades de financiar el déficit generado por el aumento de gastos derivado del impacto de la crisis y, especialmente, por la acusada caída de ingresos públicos que se ha producido por el efecto conjunto del descenso de la actividad, la caída de las rentas familiares y empresariales, la pérdida de confianza en el futuro y un sistema fiscal anoréxico.
  • Por todo ello, la deuda soberana ha crecido de forma muy notable, hasta alcanzar en 2011 el 68,5% (es decir, que casi se ha duplicado en cuatro años). Es decir, que la crisis ha impulsado la deuda pública en España, y no al revés.
  • Pese a ello, sigue estando en un nivel muy moderado en el contexto europeo, por debajo del existente en países como Alemania (81,3%) y Francia (85,8%), y muy inferior al que poseen otros países también especialmente afectados por la crisis financiera, como Grecia (165,3%), Italia (120,1%), Irlanda (108,2%) y Portugal (107,8%).

  • No se trata de restar importancia a la situación, que sin duda es preocupante debido a la creciente factura de los intereses por el aumento de la prima de riesgo, sino de situar el análisis en sus justos términos a la hora de atribuir responsabilidades en el surgimiento de la crisis.
  • La evidencia muestra que en nuestro país no existió un problema de endeudamiento público, ni de tamaño desmesurado del sector público o del volumen de su gasto, por lo que no se sitúan ahí las soluciones a la crisis. Y que aún sigue siendo así, pese a que es cierto que las dificultades han aumentado.
  • La solución para volver a una senda de moderación de la deuda pública no es continuar con la política de recortes, que tiene los efectos contrarios de los que se pretende, sino compaginar la austeridad que nuestro país ya practicaba con anterioridad a la crisis con el imprescindible estímulo al crecimiento económico y la creación de empleo. 
  • Más crecimiento y más empleo es la mejor forma de reducir el endeudamiento público y privado y de salir de la crisis. Crecer para volver a ser austeros, y no al revés.

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