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HUELGA GENERAL 29-S

La utilización de la prensa con fines políticos es tan antigua como la propia prensa

16/09/2010 | UGT

Los sindicatos mayoritarios en España estamos siendo objeto de una concienzuda campaña de descrédito que empezó a ser de una obscena evidencia y dureza desde los primeros meses de la crisis.

Conviene recordar que esta crisis es, en su origen, el fracaso del capitalismo sin reglas y carcomido por sus propios excesos. El politólogo Fernando Vallespín considera que esta crisis nos ha devuelvo a la situación de “lucha de clases” de hace un siglo. El crecimiento económico sostenido durante las últimas décadas ha garantizado considerables beneficios a los poderes económicos y, como efecto colateral, un cierto grado de bienestar y desarrollo social de las clases medias y trabajadoras. Sin embargo, la crisis económica nos estaría devolviendo –en el planteamiento de Vallespín- a una pugna por los recursos, aunque probablemente sea más acertado considerar que son los poderes de la derecha los que estarían reeditando “su” lucha de clases, intentando desmontar una parte de las estructuras que implican un cierto compromiso social del capitalismo.

La campaña anti-sindical de algunos medios de comunicación en España forma parte de esta lógica. No es una campaña informativa, es ideológica, es por el poder, que lo quieren sin límites, todo.

En la esfera de influencia de la derecha hay una pluralidad de entidades de diferente tipo defendiendo sus planteamientos (van desde los ámbitos del asociacionismo empresarial, a escuelas de negocios, lobis, think thak, fundaciones, hasta llegar al ámbito de las organizaciones de carácter social o religioso); la principal organización de carácter sociológico en el ámbito de la izquierda en España son los sindicatos. Por tanto, el objetivo está claro. Y la herramienta también.

La utilización política de la prensa, de los medios de comunicación, es tan antigua como la propia prensa, en todas partes del mundo (sólo hay que recordar a Randolph Hearst, magnate de los medios de comunicación norteamiercanos, inventor de la prensa amarilla, instigador de la Guerra de Cuba de 1898, y cuyo lema favorito era “Yo hago las noticias”), y también en España.

Los grupos de comunicación españoles son mayoritariamente de la derecha ideológica, y tienen gran dependencia de las grandes empresas por razones de ingresos publicitarios y no publicitarios.

A esto se han venido a añadir dos factores que han contribuido a que los medios de información hayan perdido el sentido de servicio al interés general:

- La lucha por las audiencias, especialmente en los medios audiovisuales, ha llevado a la adopción de técnicas para hacer más atractivas las informaciones que han acabado por desvirtuarlas.

- La política del “low cost” aplicado a este sector ha llevado a una tremenda precariedad laboral de los profesionales de la información que repercute en la calidad de su trabajo y su independencia profesional; y ha llevado también a sustituir información (que lleva tiempo y gastos económicos para investigar y contrastar las informaciones) por opinión, por periodistas que no informan, sólo dicen lo que piensan, pero pueden llenar los periódicos y los minutos de tertulia todos los días.

En el momento actual, algunos medios de comunicación están actuando como “línea de ataque bacteriológico” en esta nueva versión de la lucha de clases, inoculando a la sociedad española el virus del descrédito de las organizaciones sindicales (subvencionadas, apoltronadas, vendidas al gobierno, inútiles, anticuadas, corruptas, etc…)

Nos atacan porque molestamos a sus intereses, porque somos una fuerza organizada contra sus intereses.

Esta es una confrontación de fondo, y no es puntual. Por eso no podemos dejarnos distraer por unos objetivos que no son los nuestros.

1. ¿Cómo respondemos al ataque?

La única prioridad del sindicato en este momento es movilizarse contra las medidas de ajuste económico y social del Gobierno, que nos llevan a no crear empleo, a salarios todavía más bajos, a la precariedad laboral para todos, a tener menos derechos laborales y sociales, y al recorte de servicios y prestaciones sociales. El Gobierno practica el neoliberalismo, el PP está encantado de que otros le hagan el trabajo que ellos harían y prefieren no darle la razón al Gobierno, por eso atacan lo único que sigue actuando contra sus ideas, los sindicatos de clase. Ellos defienden unos intereses, y nosotros otros, y además tenemos capacidad para defender lo que creemos; para ellos atacarnos es un activo hoy y una inversión para el futuro.

Pero nuestra prioridad no es el modelo sindical; Esperanza Aguirre necesita seguir rivalizando con Rajoy en el ámbito nacional, y por eso necesita espectáculo mediático de cualquier tipo, aunque sea manifestando insumisión ante leyes aprobadas por el parlamento (IVA) o reduciendo un supuesto despilfarro en recursos sindicales en el que, después de dos legislaturas en el Gobierno de Madrid, algo tendrá ella que ver.

La derecha tiene medios de comunicación, nosotros no. Los grandes grupos económicos, y hasta los religiosos, tienen medios de comunicación, nosotros no. No podemos perder el tiempo en desmentir el “ruido mediático” que cada mañana pretende desviar la atención de la gente de las cuestiones fundamentales: el tiempo que la gente piense en el modelo sindical, será tiempo que no dedica a pensar en lo que nos estamos jugando.

2. ¿Cómo desmontamos los argumentos anti-sindicales?

- El Estado de derecho cuesta dinero, todo, no sólo los sindicatos.

- Las encuestas dicen que la clase política y los partidos políticos son el tercer problema del país (tras el paro y los problemas económicos); los partidos políticos tienen un nivel afiliativo mucho menor que los sindicatos, y no podrían vivir sin las subvenciones del Estado (y de otras prácticas más propias de los tribunales de Justicia). Pero no hay democracia sin partidos políticos, como no la hay sin libertad de prensa, o sin libertad sindical. Los partidos políticos les cuestan mucho dinero al Estado, pero son necesarios.

- La democracia cuesta dinero. Queremos un Estado autonómico que acerque la gestión de los asuntos públicos a los ciudadanos, y por eso pagamos un alto precio por tener 17 administraciones autonómicas.

- Los ciudadanos tienen derechos que garantizar: la seguridad (la policía cuesta dinero, los bomberos, los servicios de protección civil, el Ejercito…), la enseñanza, la salud, el acceso a la Justicia (por eso se paga con cargo al presupuesto público los abogados de oficio), y también la defensa de los intereses de los trabajadores.

- La consideración pública de los sindicatos se parece mucho a la de la televisión. Todo el mundo dice que la televisión es malísima, que cuantos más canales hay peor es, pero cada español ve cada día entre una y dos horas de televisión. Para muchos medios de comunicación los sindicatos no sirven para nada, no hacen nada, son un gasto, pero esos medios son también empresas, en las que hay trabajadores afiliados y hay secciones sindicales, son empresas que tienen convenios colectivos negociados por los sindicatos, y muchos de esos periodistas que firman informaciones anti-sindicales son los mismos que cuando tienen un problema nos piden información, asesoramiento y ayuda… aunque no sean afiliados. Son los sindicatos los que denuncian los más de 3.000 puestos de trabajo de periodistas eliminados por los medios de comunicación durante la crisis, y los que denuncian el recrudecimiento de la precariedad laboral en las redacciones, con condiciones laborales que bordean el mercado laboral normalizado.

- La calidad de vida no cae del cielo. A nadie le gusta hacer la declaración de la Renta, o pagar impuestos como el IVA, o que te pongan multas, o que te quiten puntos en el carné de conducir, o pasar controles en los aeropuertos, hacer exámenes, y cosas similares. Pero queremos educación, y asistencia a las personas mayores y dependientes, y una buena calidad sanitaria, e infraestructuras que favorezcan la actividad económica de las empresas, y universidades, y que se sancione a quien pone en riesgo la seguridad vial, y que existan tribunales que impartan justicia. Y, aunque no lo pensemos mucho, también queremos ese incremento salarial, aunque sea modesto, en nuestras nóminas cada año; y las ayudas escolares; las revisiones médicas de empresa; horarios que permitan compatibilizar el trabajo y la vida familiar; protección y garantías de empleo para la mujer cuando decide ser madre… Y todo eso es el trabajo y el resultado del coste de los sindicatos.

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