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CONFEDERAL ı NO A LA REFORMA LABORAL ı NO LOS RECORTES SOCIALES

Las políticas del Gobierno nos hunden más en el pozo de la depresión económica y la regresión social

UGT demanda un acuerdo social, institucional y político para salir de la crisis

17/05/2012 | UGT ı Nota de prensa

Los datos de Contabilidad Nacional del primer trimestre del año muestran una caída del PIB un 0,3% respecto al trimestre anterior, lo que nos encamina hacia una situación recesiva y corrobora que las políticas de este Gobierno nos hunden más en el pozo de la depresión económica y la regresión social. Para UGT, la sumisión a las recomendaciones realizadas desde Europa, la política de recorte de derechos laborales y sociales y la opacidad de las actuaciones del Ejecutivo, junto con su falta de diálogo, son las causas que nos han llevado a esta situación, de la que solo saldremos cuando haya un cambio drástico de políticas y de forma de hacer las mismas. En este sentido, el sindicato considera necesario construir un plan de reactivación mediante un gran acuerdo social, institucional y político que permita un esfuerzo justo y transparente para salir cuanto antes de la crisis sin sacrificar nuestro modelo de bienestar social.

Los datos de la Contabilidad Nacional Trimestral del primer trimestre del año, hechos públicos hoy por el INE, confirman el empeoramiento generalizado de nuestra economía. El PIB ha caído un 0,3% respecto del trimestre anterior (ya son dos trimestres cayendo), y en términos anuales, tal y como avanzó el indicador adelantado, ha entrado ya en fase de decrecimiento (-0,4%), lo que supone una brusca caída de siete décimas respecto del trimestre anterior. Es decir, que estamos en puertas de la recesión, que parece inevitable (se suele decir que hay recesión técnica cuando se concatenan dos trimestres con tasas anuales negativas). Hacía dos años que no se registraba un descenso de la actividad en términos anuales.

El deterioro de la actividad se aprecia tanto en la demanda interna (que resta 3,2 puntos de crecimiento, frente a los 2,8 que detraía el trimestre anterior) como en la externa (cuya aportación positiva es ahora menos, pasando de 3,1 a 2,8 puntos).

En los componentes nacionales, el consumo de las familias reduce algo su aportación negativa (de -1,1 puntos a -0,6), pero se desploman el gasto de las Administraciones Públicas (-5,2% ya, consecuencia de los drásticos recortes aplicados) y la inversión (que empeora dos puntos, alcanzando un ritmo de caída del 8,2%, estrangulada por la falta de crédito y por la desconfianza sobre nuestra solvencia y perspectivas económicas globales)

El saldo exterior, aunque positivo, no sólo se modera, sino que lo hace con una notable pérdida de dinamismo global, ya que muestra una fuerte desaceleración de las exportaciones (que ya sólo crecen al 2,2%, tres puntos menos que en el cuarto trimestre) y una intensificación del descenso de la importaciones (-7,2%, resultado de la parálisis de consumo e inversión).

Por el lado de la oferta, se mantienen en tasas positivas la agricultura y los servicios (0,8% ambos), pero agudizan su caída la construcción (de -3,7% a -5,3%) y, sobre todo la industria, cuya actividad desciende ya a un ritmo del -3%, cuando hace dos trimestres crecía al 2,8%

De forma consecuente con la contracción de la actividad, también aumenta la destrucción de empleo, cuya tasa anual empeora cinco décimas, cayendo un -3,8% (en términos de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo). Esto supone una pérdida de 655.000 empleos en el último año.

Por lo que se refiere a la evolución de las rentas, destaca la reducción cada vez mayor de la remuneración de los asalariados (pasa de -2,1% a -3,3%), que provoca que los costes laborales unitarios sigan reduciéndose (desde hace más de dos años), en este trimestre a un ritmo de -2,5%, igual que el anterior.

Mientras, los excedentes de las empresas y las rentas de los autónomos, pese a desacelerarse casi dos puntos en este trimestre, continúan creciendo a un elevado ritmo del 4,8%. Ello supone que la totalidad de la inflación de nuestro país se debe a la presión que ejercen las rentas empresariales, que aportan 2,3 puntos al deflactor del PIB. Por el contrario, los costes laborales son deflacionistas, restando 1,4 puntos de inflación, al igual que los impuestos (el otro componente en la formación de los precios), que restan cuatro décimas. (El deflactor del PIB, medida de inflación de los bienes de producción internos ha sido en el primer trimestre del 0,5%).

Conclusiones

Los datos de la Contabilidad Nacional del primer trimestre del año muestran que, como se había avanzado, nuestro PIB ya se está reduciendo en términos interanuales, entrando ya en una inevitable situación recesiva. Y, lo que es peor, refleja un empeoramiento generalizado de nuestros fundamentos económicos, que apuntan a que esta contracción puede ser duradera, con una mayor pérdida de empleos, si no se cambian las políticas económicas.

Han bastado menos de seis meses para demostrar que el Gobierno del PP ni tenía una estrategia para sacarnos de la crisis, ni tiene voluntad de aunar esfuerzos entre todas las fuerzas políticas y sociales para consensuar un Pacto de Estado a la altura de las exigencias que afronta nuestro país. Cada vez es más evidente que las políticas de este Gobierno nos hunden más en el pozo de la depresión económica y de la regresión social.

Tres son las patas en las que se apoya la desgraciada práctica política del Ejecutivo; todas ellas igualmente dañinas:

De un lado, la sumisión a las recomendaciones realizadas desde Europa, que es tanto como decir de la canciller Merkel, adalid de las políticas de ajuste ciego, y que no hay que olvidar que defiende en primer lugar los intereses particulares de su país y de su propio partido político, incluso a costa de los del conjunto de la Unión y de las de la economía alemana en el medio plazo. A pesar de las críticas que realizó el PP cuando estaba en la oposición el anterior gobierno, lo cierto es que nunca España había tenido un papel más insustancial en la toma de decisiones internacionales, justo cuando más debía hacer oír su importante voz.

De otro lado, el Gobierno del PP está utilizando la crisis y sus devastadores efectos en los ciudadanos para acometer todos los recortes de derechos laborales y sociales que se encuentran en su programa política máximo, aquel que ocultó durante la campaña electoral de las últimas elecciones generales y que le identifica como una formación política ultraconservadora. Sólo así pueden entenderse actuaciones como la reforma laboral, el ataque permanente a los servicios públicos y su privatización más menos expresa (educación, sanidad) o los cambios realizados en la dirección de RTVE, por citar tres ejemplos bien conocidos en diferentes ámbitos.

Y por último, resulta muy preocupante la opacidad de las actuaciones del Ejecutivo, su falta absoluta de diálogo y la ausencia del primer plano del Presidente del Gobierno, más preocupado de mantener indemne su propia imagen por la pésima gestión de su gobierno que por aportar tranquilidad y liderazgo en los momentos económicos más difíciles de nuestro país en los últimos setenta años

Todo lo anterior confluye en una deriva injusta y muy peligrosa para nuestra economía. Los inversores y organismos internacionales castigan a este Gobierno, que ha perdido todo su crédito en menos de seis meses. La evolución de la prima de riesgo no hace sino reflejar esta desconfianza en el Ejecutivo y poner de relieve su debilidad y falta de iniciativa política en el ámbito internacional.

Curiosamente, ha tenido que ser la victoria electoral en las elecciones presidenciales francesas de François Hollande, un socialista, la que indirectamente ofrezca las mejores perspectivas de cambio para nuestro país, al introducir de forma decidida en la agenda europea la necesidad de poner en primer término el crecimiento como objetivo político, sin renunciar a una austeridad reconducida a unos ritmos sostenibles y realistas. Algo muy alejado del ajuste regresivo y de los recortes sin estímulos que promueve el Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Resulta muy ilustrativo que en los Presupuestos Generales del Estado para este año el Gobierno no haya introducido ni una sola política para incentivar el crecimiento económico, ni una sola medida para estimular la actividad; solo recortes. O, por ejemplo, que haya disminuido la partida para las política activas de empleo en un 21%, a la vez que reconoce que se destruirán más de 600.000 empleos y el número de desempleados seguramente alcanzará la cifra de seis millones.

En definitiva, la salida de la crisis de nuestro país sólo puede pasar por un cambio drástico de políticas y de forma de hacer las mismas. Con sus decisiones hasta ahora, el Gobierno ha estrangulado la actividad, el consumo, la inversión y la confianza en nuestro país. Ahora, con algunas decisiones, está a punto de estrangular también la paciencia de los ciudadanos, que está siendo mucha desde el inicio de la crisis. No es posible que se diga que no hay dinero para mantener los servicios públicos esenciales y para impulsar la actividad y simultáneamente se destinen miles de millones para salvar a una entidad financiera. Una explicación y la depuración de responsabilidades son actuaciones ineludibles de un Ejecutivo democrático.

Desde la UGT insistimos en la necesidad de ese cambio de rumbo de la política económica, para construir un plan de reactivación de la actividad económica que sea compatible con el progresivo reequilibrio presupuestario en un plazo más prudente que el impuesto por Bruselas. Ello debe implicar una revisión de las políticas impuestas desde Europa, para lo que el Gobierno español debe ejercer un papel protagonista, defendiendo los intereses de nuestro país, y no subsidiario de las iniciativas de otros gobiernos como el francés, como hasta ahora ha sucedido.

Para ello, proponemos un gran acuerdo social, institucional y político a la altura de las graves circunstancias que atravesamos, que permita un reparto de esfuerzos justo y transparente para salir cuanto antes de la crisis sin sacrificar nuestro modelo de bienestar social.

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