Hacia un nuevo modelo económico y social en España
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LA PLATAFORMA

¿Qué hacer?

20/07/2010 | Santos Nogales Aguilar, Secretario Federal de Acción Sindical CHTJ-UGT

Sin ánimo de plantear la vieja polémica de la izquierda marxista, cuando Lenin reflexionaba con este mismo título sobre la situación del movimiento obrero allá por los inicios del siglo XX (1901-1902); hoy tendríamos que volver a plantearnos la misma cuestión ante los acontecimientos que están ocurriendo en el mundo y más concretamente en nuestro país como parte de la Unión Europea.

Hemos sido testigos de la caída y resurgimiento del modelo económico mundial, casi como espectadores televisivos de los graves acontecimientos que primeramente se nos presentaron como puntuales acciones de desaprensivos bróker que arriesgando más de lo debido llevaron a la “ruina” a algunas fortunas mundiales.

Los medios de comunicación nos lo fueron presentando casi como parte de esas noticias que alimentan a los mass media, mezcladas con acontecimientos de tinte rosa, bodas, separaciones y cotilleos.

Pero pronto surgieron las alarmas: la banca estaba en peligro y en consecuencia el modelo económico de nuestro mundo se estaba resquebrajando, y la sociedad civil ( la gente de a pie) comenzó a sentir y sufrir las consecuencias de la terrible crisis económica que comenzaba a producir los primeros damnificados, eran los primeros días del 2007 y la mitad del 2008; y como un solo hombre los gobiernos democráticos de Europa, con el de USA a la cabeza salieron en auxilio del sistema bancario, o lo que es lo mismo, les falto tiempo para poner los medios para mantener el sistema capitalista, había que ayudar a los “mercados”, que una vez más volvían a poner en evidencia la falsedad de que las “manos invisibles” se bastan para ordenar la vida económica de una sociedad.

Y los Gobiernos más convencidos de la necesidad de fijar normas para evitar los abusos y tropelías de los “mercados”, se sumaron a esa labor “humanitaria”, consistente en endeudar a los ciudadanos para salvar a los especuladores, y con ello poder seguir manteniendo el modelo de desarrollo de nuestros países.

El debate durante algún tiempo estuvo centrado en dilucidar si había llegado el final del capitalismo, si había que refundar el capitalismo o si había que continuar inyectando liquidez en la banca para que el mercado continuara funcionando, fijando compromisos de comportamiento que evitaran la especulación irresponsable, que no otro tipo de especulación, razón de ser del modelo económico de nuestra sociedad.

Y con cierta dosis de hipocresía, había coincidencia en manifestar que los ciudadanos que no eran responsables del desmadre de la economía, no debían ser los que pagaran los excesos de los mercados; que quimera!, pronto comenzaron a generalizarse los expedientes en las empresas, las suspensiones de pago y con ello el engordamiento de las listas de parados y paradas, el consumo de las familias quedo paralizado, las empresas tuvieron la excusa de la bajada de ingresos y se cargaron de razones para exigir sacrificios a los trabajadores con el objetivo de mantener el empleo de los que podían continuar en activo frente a los que terminaban en el paro.

Y el Gobierno, consecuente con su ideario, siguió firme en su política de defensa de los desfavorecidos, incrementando la cobertura de los desempleados, que veían terminar su derecho al cobro de prestaciones.

Y las organizaciones sindicales continuaron con su encomiable mensaje de exigencia que evitase a los trabajadores ser los que pagaran la crisis, ¡baldío esfuerzo, visto el resultado!

Y las organizaciones empresariales, no desaprovecharon la ocasión para volver a su programa de máximos y pedir, el despido más barato, la rebaja de cotizaciones, la supresión de la tutela judicial, etc.

Pero la política había dado paso al autentico dueño y señor de las cosas: el mercado, ahora los mercados. Y las corporaciones financieras, la agencias de valoración, los especuladores (todos los culpables de la crisis mundial y en concreto de la española) exigieron seguir siendo los beneficiarios incluso en la situación provocada por ellos; negaron la realidad y como los usureros de épocas pasadas endurecieron las condiciones de cobro de sus pretendidas deudas. Y dictaron a los Gobiernos las políticas a seguir: reducir los gastos sociales, reducir el costo de las condiciones laborales y flexibilizar los derechos de los trabajadores. Lamentablemente los Gobiernos democráticos escucharon a los especuladores y dictaron decretos rebajando las condiciones de sus votantes. Parece absurdo pero es la realidad.

Y las organizaciones sindicales se encontraron en la encrucijada de ¿Qué hacer?,

Organizaciones que han sido los únicos que han puesto sobre la mesa propuestas buscando una solución a la crisis, siendo conscientes de que había que asumir sacrificios, pero de manera compartida: si el capital ha sido el mayor responsable de esta situación, a él le corresponde el sacrificio mayor. Las organizaciones sindicales venimos proponiendo la necesidad de cambio del modelo productivo, olvidarnos del crecimiento económico basado en la especulación y apostar por mayores garantías para el empleo.

Y en toda la extensión de Europa, ha comenzado a crecer la necesidad de una respuesta sindical europea que pare los pies a esa entelequia que es el mercado, y seamos capaces de hacer realidad el sueño de la Europa de los pueblos. Voces que están teniendo plasmación en las Huelgas Generales de Grecia, Francia, Italia y la cercana de nuestro país el 29 de septiembre. El arma que queda a los trabajadores para plantar cara a los despropósitos y hacerles comprender que otra política económica es posible para salir de la crisis.

<i>¿Qué hacer?</i>

¿Qué hacer?

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