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INTERNACIONAL | UNI

Reflexiones sobre Davos

11/02/2012 | Secretaría de Hostelería e Internacional de CHTJ-UGT

UNI transmitió un mensaje claro a los líderes mundiales reunidos en Davos: o se abordan la desigualdad y el desempleo, o la cohesión social quedará destruida. Con respecto a la cuestión de la desigualdad creciente, nos ayudó la publicación por el Foro Económico Mundial de su Informe Riesgos Globales 2012 en el período previo a la reunión, en el que se exponía que la desigualdad encabezaba la lista de los riesgos globales. Esto determinó la temperatura de la reunión, ya que se enfrentó a la comunidad de Davos en su conjunto a la realidad de que la desigualdad equivale a más agitación social. El informe también ayudó a perfilar el debate sobre la causa de tal grado de desigualdad y lo que podemos hacer al respecto.

Seguidamente, el Informe de la OIT sobre el trabajo en el mundo, publicado en vísperas de Davos, decía que el paro ha alcanzado proporciones alarmantes, 225 millones de parados, y que desde el inicio de la crisis 27 millones de personas simplemente han abandonado la búsqueda de trabajo, uno de cada tres trabajadores vive en la pobreza o está en paro y 50% de ellos tiene contratos precarios. También tenemos el problema subyacente del paro juvenil, con una tasa dos veces superior a la de los adultos. Según la OIT, el desempleo de los adultos se sitúa entre 6 y 6,5%, mientras que el paro juvenil se sitúa entre 12 y 13%. El segundo día de Davos, se expusieron las cifras del paro en España, que revelaron que casi 50% de los jóvenes está sin trabajo, mientras que la tasa de los adultos es de 23%. Estos hechos innegables eran imposibles de ignorar por parte de la élite presente en Davos y proporcionaron a UNI y a los otros once dirigentes sindicales presentes más munición para transmitir nuestro mensaje sobre la crisis, la desigualdad y el desempleo.

Comenzamos con nuestros planes para Davos hace seis meses en lo concerniente a la investigación y a nuestro posicionamiento estratégico para participar en las sesiones con el fin de transmitir nuestro mensaje. UNI se reunió con los otros dirigentes laborales y elaboramos un mensaje coordinado en términos de medios de comunicación y de política. Desarrollamos un plan de cinco puntos para la recuperación global, plan que fue muy bien acogido en Davos. Pudimos elevar el nivel de interés por las cuestiones del empleo y la desigualdad. La primera mañana el movimiento laboral tuvo voz en dos sesiones fundamentales: Sharan Burrow, Secretaria General de la CSI habló en el debate televisado de la revista Time y yo participé en la sesión “Las Semillas de la Distopía” con el destacado economista, Dr. Nouriel Roubini, conocido como el Dr. Agorero por haber pronosticado la crisis financiera de 2008 tres años antes de que sucediese. Pudimos transmitir el mensaje coordinado de que el desempleo y la desigualdad estaban destruyendo la cohesión social tanto a los políticos y a los dirigentes empresariales presentes, como al mundo en general a través de los medios de comunicación. Además, nuestros argumentos se vieron respaldados por el fundador de Davos, Klaus Schwab, cuando dijo públicamente que el modelo actual de capitalismo económico había fracasado y que teníamos que dirigirnos hacia un modelo nuevo. Su mensaje puso de relieve que está reunión de Davos no era igual a las precedentes.

Cabría preguntarse ¿escuchó de verdad la élite presente en Davos? Ante todo se tiene que estar en un espacio en el que se pueda ser escuchado. ¿Tuvimos el espacio – tuvimos la oportunidad? Davos tiene 240 sesiones y nuestras inquietudes se plantearon en 95 de ellas. Por ejemplo, fui invitado a la “Reunión de líderes económicos mundiales”, reunión privada con varios primeros ministros, ministros, importantes empleadores y representantes de alto nivel del mundo académico. Y si bien estaba en una minoría de uno solo, tuve la oportunidad de presentar nuestras inquietudes, de exponer cómo veíamos el mundo y de pedir un cambio de dirección y de enfoque. Se nos ofrece la oportunidad y conseguimos el acceso, por consiguiente, ahora tenemos que aprovechar al máximo el tiempo impartido. La seguridad al exterior de la conferencia es muy importante, pero dentro hay mucha libertad, pueden organizarse reuniones improvisadas con líderes empresariales y políticos. Siempre estoy al acecho de empleadores de nuestros sectores, los localizo e inicio una conversación. Por ejemplo, este año tuve una conversación positiva con el Director de Recursos Humanos de Metro y conversaciones con dirigentes de Barclays, Citibank, BT, Adecco, Manpower, JP Morgan y otros muchos. Conversamos con Juan Somavía, Director General de la OIT, y con Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE, y tuvimos una sesión con Christine Lagarde, Directora General del FMI. También nos reunimos con representantes del Gobierno mexicano, país huésped de la próxima reunión del G20.

Ya no sorprende a estos líderes mundiales que ahora sindicalistas participen en la conversación de Davos. Cuando hace muchos años abrí por primera vez las puertas de Davos al movimiento sindical, hubo un momento en el que nos preguntamos si realmente era nuestro lugar y si podíamos alcanzar algún objetivo allí. Pero hemos reforzado nuestra presencia y nuestra condición de actores clave se ha afianzado con legitimidad con algo importante que decir. Estamos cambiando el clima en Davos.

¿Qué si he vuelto de Davos sintiéndome más o menos optimista? Optimista por el hecho de que la élite presente en Davos reconociese que se está cuestionando el capitalismo contemporáneo. Algo tiene que cambiar, si los ciudadanos comienzan a dudar de los principios mismos sobre los que se basa la economía moderna – los mercados libres, la libre circulación de inversiones, un sector privado fuerte, etc. Percibo un temor del epicentro de la economía global de que la legitimidad del modelo que hemos visto estos últimos treinta años ahora se está cuestionando pero que muy seriamente y que se está reflexionando, también muy seriamente, sobre la manera de cambiar este modelo y las implicaciones para la gente de a pie. El hecho de que tengamos niveles sin precedente de desempleo y que una generación entera se haya quedado fuera de la economía local y mundial se considera una señal muy clara de peligro. Se admitió que los inmensamente ricos deben pagar su parte justa de impuestos. Tuvimos a líderes de opinión, como Bill Gates, muy animados a pedir un sistema fiscal más justo, lo que contrastó con la revelación de que el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, Mitt Romney, solamente paga 13,9% de impuestos con respecto a su fortuna, como menos la mitad de lo que paga el trabajador estadounidense promedio.

El espíritu de Davos ha cambiado. En otros foros estábamos más eufóricos porque pensábamos que los días de expansión y contracción habían terminado – así que ésta era una situación mucho más sobria y realista. Davos reveló la magnitud de los retos que nos esperan. Tenemos un problema porque necesitamos tener un enfoque más coordinado del G20 y tenemos que reencontrar el espíritu de Londres y de Pittsburg en 2008 y 2009. Roubini dijo que el G20 ha pasado a ser el G-Cero porque no es rico en logros. Necesitamos una verdadera cooperación en cuanto al cambio climático, a la lucha contra la pobreza y al crecimiento económico.

Mi pesimismo aumentó al comprobar que la Canciller de Alemania, Angela Merkel, solamente mencionó una vez el crecimiento y el empleo en su discurso de cuarenta minutos en Davos. Sin embargo, en las sesiones y en los pasillos se tenía la convicción de que Europa necesita otro plan. Tiene que controlar la crisis de la deuda soberana, pero también necesita un Plan B para el crecimiento y el cambio climático. El último día de Davos se manifestó que ahora el G20 y Europa están tratando de encontrar recursos para dar un gran impulso a la reducción del paro juvenil. La comunidad empresarial, el sector no financiero, está diciendo que tenemos el dinero en el banco y listo para invertir, pero que existe tanta incertidumbre que no están dispuestos a invertir hasta que no se haya resuelto la crisis de la Eurozona. El Primer Ministro británico Cameron presentó el modelo anglosajón, que sonó anticuado y thatcheriano. Un aspecto mucho más positivo fue que se prestó gran atención al modelo nórdico como una alternativa seria al modelo neoliberal, que ha fracasado y que Cameron sigue preconizando. Los países nórdicos se cuentan entre los más competitivos en el mundo y están sólidamente anclados en la responsabilidad social.

Davos es un lugar de debate y de conversación y hay mucha competencia en cuanto a moldear el ambiente de la conversación. No es una ocasión en la que al término se presenta una declaración política. El Foro Económico Mundial sabe que sería muy difícil alcanzar un consenso. Por consiguiente, quiere mantener a Davos en una posición neutral en términos de declaraciones políticas, pero activa y comprometida en términos de reunir a la gente. Lo hace bien y cuando organiza una conversación quiere asegurarse de que queda incluida la voz de los sindicatos. Me reuní con trabajadores británicos de Unilever presentes en Davos para protestar ante su Presidente con respecto a reducciones de pensiones y también me reuní con manifestantes de Ocupar Davos.

En cuanto a nosotros, el movimiento sindical, también nos fuimos de Davos con nuestras propias tareas que hacer y nuestros puntos de acción. Nos dimos cuenta que tenemos que ir más lejos en cuanto a hacer campaña por la regulación financiera, en cuanto al impuesto sobre las transacciones financieras, en cuanto a una aportación más sólida al proceso del G20. Davos nos ha ofrecido la oportunidad de ver dónde están las oportunidades. El propio Foro Económico Mundial ha prometido poner mayor énfasis en el empleo este año a través de sus grupos de trabajo o Consejos de la Agenda Global, que reúnen a expertos destacados en diferentes cuestiones. En total, el Foro Económico Mundial tiene 100 grupos de trabajo de este tipo, que reúnen a expertos que trabajan en el cambio climático, la sostenibilidad, la regulación financiera y la responsabilidad social. Sus conclusiones figurarán en la reunión de Davos del año que viene.

Los 12 dirigentes sindicales presentes en Davos mantuvieron constantemente el pie en el acelerador durante su estadía. Daremos seguimiento en las próximas cuatro semanas a nuestra reacción relativa a la reunión de Davos de este año, a lo que pensamos que funcionó bien y a lo que deberá incluirse o ampliarse el año que viene. Este año cuestiones laborales en materia de empleo y de desigualdad plasmaron el debate de Davos y el año que viene procuraremos que se enfaticen aún más para dar una voz más fuerte a los trabajadores amenazados y a los 225 millones de parados.

Vean el mensaje en vídeo

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