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Martes, 14/08/2018
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Si se recorta empleo y se reducen salarios y prestaciones sociales ahondaremos aún más en la recesión

Los datos demuestran que la totalidad de la inflación se debe a la presión de las rentas empresariales, no a los salarios

14/07/2012 | UGT

Los datos de IPC correspondientes al mes de junio, publicados hoy por el INE, muestran una bajada de los precios dos décimas respecto al mes anterior, manteniendo la tasa interanual en el 1,9%.

Para UGT, estos datos muestran la débil actividad económica del país y destacan que la totalidad de la inflación se debe a la presión que ejercen las rentas empresariales, no a los salarios.

El sindicato considera que las medidas anunciadas por el Gobierno profundizan aún más en la recesión y si se recortan salarios de empleados públicos otra vez, se destruye empleo y se reduce la prestación por desempleo la recuperación está cada vez más lejana. Por ello, el sindicato considera imprescindible cambiar la orientación de los objetivos de la política económica hacia un crecimiento sostenible, duradero y equilibrado, que genere empleo estable, de calidad y con derechos, para lo que sería necesario un plan para restablecer el equilibrio presupuestario a largo plazo, basado en un sistema fiscal justo, una política industrial dinámica y el compromiso de impulso a la actividad empresarial competitiva.

Según ha publicado hoy el Instituto Nacional de Estadística, en el mes de junio la tasa interanual del Índice de Precios de Consumo (IPC) se sitúa en el 1,9%, igual la tasa que la registrada el mes anterior, y coincidiendo con el indicador avanzado publicado el pasado 28 de junio (1,9%). Por su parte, la tasa mensual se sitúa en el -0,2%, una décima por debajo de la del mes de mayo. 

Entre los grupos que han tenido mayor influencia en la evolución anual son: Bebidas alcohólicas y tabaco, con una variación anual del 11,5%, cinco puntos por encima del mes anterior, y la más alta desde mayo de 2011, debido principalmente debido a la estabilidad de los precios del tabaco, frente a la disminución de hace un año; Alimentos y bebidas no alcohólicas, que aumenta cuatro décimas y se sitúa en el 2,2%, dado el comportamiento de los precios de las frutas frescas, a pesar de la bajada de otros productos como legumbres y hortalizas frescas, carnes y pescados, crustáceos y moluscos. Destaca el descenso de más de un punto de los precios de Transporte, con una tasa anual del 2,9%, dado el descenso del precio de carburantes y lubricantes; y Otros bienes y servicios, con una tasa anual del 1,5%, dos décimas por debajo de la registrada el mes anterior, debido a la estabilidad de precios de seguros, frente al incremento del año anterior. 

La inflación subyacente, que mide la variación general de precios descontando los alimentos no elaborados y los productos energéticos, se eleva al 1,3%, disminuyendo su diferencia respecto al índice general, que se sitúa en seis décimas. 

Por su parte, el Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA) disminuye una décima respecto al mes de mayo, situándose en el 1,8%, una décima por debajo del IPC general nacional y seis décimas por debajo de la media de la Zona Euro. De nuevo el diferencial se sitúa en la línea recogida en lo que llevamos de año. 

Conclusiones 

Los datos de la inflación conocidos hoy, no hacen sino ahondar más en las perspectivas de una recesión más profunda. 

Según los últimos datos disponibles de Contabilidad Nacional Trimestral referidos al primer trimestre de 2012 (a la espera de los datos que se publicarán en agosto), y por lo que se refiere a la evolución de las rentas, destaca la reducción cada vez mayor de la remuneración de los asalariados (pasa de -2,1% a -3,3%), que provoca que los costes laborales unitarios sigan reduciéndose (desde hace más de dos años), a un ritmo de -2,5%. Mientras, los excedentes de las empresas y las rentas de los autónomos continúan creciendo a un ritmo del 4,8%. Ello supone que la totalidad de la inflación de nuestro país se debe a la presión que ejercen las rentas empresariales, que aportan 2,3 puntos al deflactor del PIB. Por el contrario, los costes laborales son deflacionistas, restando 1,4 puntos de inflación, al igual que los impuestos (el otro componente en la formación de los precios), que restan cuatro décimas. Luego no son los salarios los causantes de la situación económica. 

El pobre crecimiento de los precios no hace sino indicar la débil actividad económica del país. Ni siquiera la llegada del periodo vacacional parece ayudar a levantar el consumo interior. Y lo que es peor, las medidas anunciadas por el gobierno no facilitan la recuperación, antes al contrario, profundizan la recaída. 

Las políticas mal llamadas de austeridad (que en realidad son de recortes, porque eliminan mucho más que los gastos superfluos), que comenzaron en mayo de 2010, no han mejorado la posición de la economía española, sino todo lo contrario. Los constantes recortes en el Estado del bienestar se suman a la nula actuación por el lado del estímulo al crecimiento, lo que nos lleva a una complicada situación, que no se corrige con más medidas en la misma dirección. 

Si el objetivo último del gobierno es reducir el déficit público, para cumplir con ello los compromisos europeos, y así facilitar la ayuda que tanto necesita el sector el sector de actividad real (a través del sector financiero, verdadero impedimento ahora mismo para el fluir del crédito a empresas y familias y, con ello, en parte, la reactivación económica), las medidas adoptadas no parece que sean las adecuadas. 

Porque el déficit público es la diferencia entre ingresos y gastos públicos. Y no se puede lograr el equilibrio si solo se reducen los gastos, porque los ingresos también están cayendo, de manera que la diferencia entre unos y otros no solo no se mantiene, sino que se acelera (por la mayor reducción de ingresos, vía falta de actividad económica, que recorte de gastos). Y la manera de recuperar ingresos pasa, fundamentalmente, por recuperar actividad, es decir, impulsar el crecimiento económico, que en nuestro país se ha basado en la demanda interna (consumo e inversión). Si se recortan las posibilidades de consumo de los ciudadanos (reduciendo los salarios de los empleados públicos, destruyendo empleo y eliminando o reduciendo prestaciones por desempleo), la recuperación cada vez está más lejana. 

Si a eso se le añade un encarecimiento de los productos, vía impuestos indirectos (la subida de 3 puntos del IVA general y de 2 puntos el IVA reducido), se está castigando al consumo y a la propia recaudación (vía, precisamente, reducción del consumo). Si los comerciantes esperaban la época de rebajas como una posible salida a la campaña estival, posiblemente deban olvidarlo. Si se confirma la inmediata subida del IVA hoy en el Consejo de Ministros, las repercusiones serán un retraimiento del consumo, una caída de las ventas y una menor recaudación por ello.

¿Seguro que no había más opciones? ¿Están seguros de que la única opción es incidir en la desigualdad, romper la cohesión social y destruir el Estado de Bienestar?

Sería necesario cambiar la orientación de los objetivos de la política económica hacia un mayor peso del crecimiento. Crecimiento sostenible, duradero y equilibrado, que genere empleo estable, de calidad y con derechos, lo que exige un plan para restablecer el equilibrio presupuestario a largo plazo, basado en un sistema fiscal justo, una política industrial dinámica y el compromiso de impulso a la actividad empresarial competitiva. Solo así se logrará una mayor capacidad recaudatoria que consiga una reducción progresiva del déficit público en plazos compatibles con la reactivación económica y la equidad social. No castigando a la ciudadanía, retrasando la reactivación económica y aumentando la desigualdad.

 

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