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Martes, 19/06/2018
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La 100ª Conferencia de la OIT debate esta propuesta

UGT considera fundamental la adopción de una norma internacional que regule un trabajo decente para empleadas/os del servicio doméstico

10/06/2011 | UGT

UGT considera necesario que se establezca una norma internacional que regule los derechos básicos de los trabajadores y trabajadoras domésticos. En este sentido, considera positivo que la 100ª Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que se está desarrollando en Ginebra desde el pasado 1 de junio, debata la propuesta para adoptar una norma general- un convenio y una recomendación- relativa al trabajo decente para estos trabajadores. Según datos de este organismo hay 52 millones y medio de personas empleadas en el servicio doméstico en todo el mundo, más de 11 millones son niños y el 83% son mujeres. La OIT estima, sin embargo, que podría haber más de 100 millones de trabajadores en este sector, del que se nutre la economía sumergida, y alerta sobre el hecho de que los salarios de estos trabajadores, en general, no llega a la mitad del salario promedio, e incluso, en algunos casos, es inferior al 20%.

La 100ª Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, se está desarrollando, entre los días 1 y 17 de este mes, en Ginebra Uno de los puntos del orden del día es una propuesta para adoptar una norma general (un convenio y una recomendación)  relativa al trabajo decente para los trabajadores domésticos. El próximo día 16 los Gobiernos, Organizaciones empresariales y Organizaciones sindicales del todo el mundo, que forman parte de la OIT, abordaran esta materia y si el resultado de la votación es positivo implicara que el empleo doméstico contará, por primera vez, con una norma internacional que regule los elementos básicos de esta relación laboral. Y sobre todo que establezca un marco mínimo de derechos para las trabajadores y trabajadores domésticos.

La OIT calcula que hay en todo el mundo más de 52 millones y medio de personas empleadas en el servicio doméstico, del que más del 83% son mujeres y más de once millones son niños y niñas entre los 5 y los 17 años. Esto implica que el empleo doméstico, supone  más del 1´7% del total del empleo mundial. Pero, la propia OIT reconoce la dificultad de obtener datos precisos y que, por ello, podría haber más de 100 millones  de trabajadoras y trabajadores domésticos.

Pese a estas cifras, el empleo doméstico no está regulado en una norma internacional, y esta circunstancia es aún más preocupante por cuanto es uno de los sectores más vulnerables a los abusos, que en algunos casos llega a ser más una situación de esclavitud que un empleo, además de la particular incidencia del trabajo infantil.

Cierto es que las características del trabajo doméstico varían de unos países a otros pero hay elementos comunes que definen esta relación validos en todo el mundo, también en España. La infravaloración del empleo doméstico, a la que no es ajena el hecho de que sea un trabajo desempeñado fundamentalmente por mujeres y la discriminación por distintos motivos, principalmente por razones de género, nacionalidad y origen social, llevan a que, entre los datos recabados por la OIT, se estime que, en general, las trabajadoras y trabajadores domésticos ganen la mitad del salario promedio y en ocasiones ni siquiera se aproximen al 20% de este trabajo. A estos factores se une la invisibilidad de este empleo que se desarrolla en los hogares familiares y el escaso margen que trabajadoras y trabajadores tienen para negociar sus condiciones de trabajo. Todo ello conlleva una especial vulnerabilidad a los abusos, que se concretan en este sector en elementos como la elevada incidencia de la economía sumergida, la falta de determinación de las condiciones de trabajo, jornadas de trabajos interminables, ausencia de contratos escritos y una nula o reducida protección social en comparación con el resto de trabajadores. A ello se suman otros elementos característicos de esta relación laboral, como el pago en forma de prestaciones en especie que reducen el salario que perciben los trabajadores y las dificultades cuando no imposibilidad de actuación de la Inspección de Trabajo.

Por todo ello, es preciso un instrumento internacional que regule los aspectos fundamentales de esta relación laboral, y que, especialmente, establezca un estándar básico de derechos para los trabajadores y trabajadoras domésticos.

En muchos lugares del mundo, además del trabajo de niños y niñas,  los trabajadores y trabajadoras domésticos, no gozan  de derechos que a todos nos parecen básicos e irrenunciables, como la protección social, la percepción de un salario en metálico, periodos de descanso, la no discriminación o la libertad sindical. Pero lo cierto es que en los países en los que existe una regulación de este sector de actividad, entre ellos el nuestro, los derechos, las condiciones de trabajo y la protección social de las trabajadoras y los trabajadores domésticos, son inferiores a los que disfrutan el resto de trabajadores.

La adopción de un instrumento internacional, en la medida en que este sea ratificado por los países y aplicado, significaría en algunos lugares del mundo la oportunidad de que los trabajadores y trabajadoras domésticos tuvieran, por primera vez, derechos básicos. Y para los países que ya tenemos una regulación, un impulso para que la misma avance hacia la equiparación de derechos con el resto de trabajadores.

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