Hacia un nuevo modelo económico y social en España
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UGT demanda empleo de calidad y el cese de la devaluación salarial para activar la economía

El aumento del PIB en el cuarto trimestre de 2013 aún resulta insuficiente para hablar de recuperación

27/02/2014 | UGT

Los datos de Contabilidad Nacional del cuarto trimestre de 2013, publicados hoy por el INE, reflejan un aumento del PIB en dos décimas respecto al trimestre anterior, situando una contracción total del 1,2% en el conjunto de 2013. El dato del último trimestre, pese a ser positivo, no es suficiente para hablar de salida de la crisis o recuperación económica, como preconiza el Gobierno, ya que hay otros factores aún preocupantes como la ralentización de las exportaciones, las tasas aún negativas de la inversión o la elevada pérdida de empleo que se sigue registrando. UGT demanda empleo de calidad, no precario, y el cese de la caída salarial para activar así la demanda interna. Llegar a la recuperación mediante la devaluación salarial solo da como resultado más desigualdad y un aumento de la pobreza en nuestro país. Por ello, el sindicato demanda un cambio en la regresiva agenda social de este Gobierno mediante otras alternativas, como las defendidas por UGT en su propuesta “Hacia un nuevo modelo económico y social en España”, que apuntalen con bases sólidas y sostenibles la salida de la crisis y pongan de verdad el acento en el empleo y las personas.

Según la información publicada hoy por el INE, el PIB en el cuarto trimestre de 2013 creció dos décimas respecto al trimestre anterior, con lo que la tasa de variación anual permanece en negativo, -0,2%, pero se sitúa muy cerca de registrar tasas de crecimiento positivas, muy probablemente en el primer trimestre de 2014. En el conjunto de 2013, el PIB se contrajo un 1,2%.

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Por componentes, la mejoría en este trimestre ha venido protagonizada por el consumo privado, que registra tasas positivas por primera vez desde el primer trimestre de 2011 (pasa de -1,8% en el trimestre anterior a 0,7%). Este dato no hace sino confirmar la importancias de este componente para el crecimiento de nuestra economía: la reactivación del gasto de las familias es imprescindible para lograr tasas de aumento del PIB del rango que precisa nuestro país, que permita crear empleo y recobrar los niveles de renta perdidos con la crisis y la aplicación de políticas erróneas.

También destacan en el análisis del trimestre otros elementos. Por el lado de la demanda: la caída anual del gasto de las AAPP (vuelve a negativo, de 0,2% a -3,5%); la atenuación del descenso de la inversión (pasa de -5,3% a -1,7%), esencialmente por el importante aumento de la dedicada a bienes de equipo (de 2,2% a 9,5%); y la confirmación de la pérdida de fuelle de las exportaciones (apenas repunta dos décimas en tasa anual, hasta el 3,7%) en paralelo al aumento de las importaciones (del 0,6% al 2,7%). En conjunto, la demanda interna reduce su aportación negativa (de -2,1 puntos a -0,6) y la externa la suya positiva (0,4 puntos frente a 1 punto en el trimestre anterior).

Por el lado de la oferta, mejoran todos los sectores, aunque de forma desigual. El sector primario es el que más repunta (de 0,9% a 4,1%), la industria y los servicios pasan a tasas positivas, aunque moderadas (0,3% y 0,5% respectivamente, y la construcción apenas si mejora una décima, permaneciendo en una situación muy recesiva (-7,7%).

En conjunto, los datos presentan una mejoría que constituye una noticia positiva, en la medida en que, lógicamente, el crecimiento económico (en tasas anuales) es condición sine qua non para lograr la recuperación de la economía y del empleo. Y también porque reflejan una mejor evolución en las aportaciones de los componentes (gana peso la demanda interna). Pero siendo factores positivos, no son suficientes para hablar de salida de la crisis o de recuperación económica. En este sentido, la realidad no coincide en absoluto con el idílico escenario que dibujó el Presidente del Gobierno en el Debate sobre el Estado de la Nación.

La ligera mejoría de las grandes cifras macroeconómicas tiene dos causas fundamentales, y ninguna tiene que ver con la actuación del gobierno: de un lado, la mejor situación económica de los países centrales de la zona euro; de otro, la caída de la prima de riesgo de nuestra deuda, atribuible en exclusiva a la intervención del gobernador del Banco Central Europeo en julio de 2012, y ahora al surgimiento de otro foco de atracción especulativa que es el mercado de divisas de algunos países emergentes.

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Pero el análisis desagregado muestra aún muchos riesgos y debilidades, que obligan a ser cautos en la valoración: la inestabilidad de la economía global, ante los desequilibrios que muestran economías emergentes como Brasil o Argentina; las propias amenazas la zona euro (deuda griega; nuevas medidas de ajuste en Portugal; elecciones europeas); la fragilidad política de otros países europeos (conflicto en Ucrania); y los problemas latentes aún en los sistemas financieros, todavía en fase de saneamiento, que dificultan la concesión de crédito.

Las propias cifras de la Contabilidad Nacional reflejan algunos datos muy preocupantes: la ralentización de las exportaciones; las tasas aún negativas de la inversión, cuya continuidad en la mejoría debe confirmarse; el persistente declive de la construcción; la persistente caída de la demanda interna; y, por supuesto, la elevada pérdida de empleo que se sigue registrando (-1,6% en tasa anual, en términos de empleo equivalente a tiempo completo; -1,9% en el caso de los asalariados).

Lo que los datos ponen de relieve es que, en contra de lo que afirman los defensores de la estrategia de devaluación salarial que estamos viviendo, las exportaciones por sí solas no nos sacarán de la crisis. Es necesario que la demanda interna se recupere, en línea con lo que sucede en los países con mayor peso económico.

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Y para que la demanda interna comience a tirar del crecimiento, es preciso que lo haga el consumo de las familias, que a su vez depende fuertemente de lo que suceda con el empleo y con los salarios. Es necesario crear empleo de calidad, no precario, y también que cese la caída salarial y que comiencen progresivamente a ganar poder de compra. No es posible la recuperación por la vía de la acentuada devaluación salarial que están sufriendo los trabajadores de nuestro país.

Seis años de una intensa crisis y cuatro de políticas erróneas han empujado a millones de trabajadores a salarios de miseria, que les sitúan en situación de pobreza. Nunca antes en nuestro país el hecho de tener un trabajo remunerado había sido tan poca garantía de situarse fuera de los umbrales de pobreza. La tasa de trabajadores en riesgo de pobreza ha aumentado 2 puntos durante la crisis y es ya del 12,3%, la tercera mayor de todo la UE de 28 tras Rumanía (19,1%) y Grecia (15,1%).

En general, el aumento de las desigualdades y de los riesgos de caer en situación de pobreza es una de las consecuencias más dramáticas de la crisis y de la políticas de recortes aplicadas, y también constituye uno de los factores más difícil de revertir estructuralmente, en la medida en que son precisas no solo actuaciones que incentiven la actividad, sino también el reforzamiento de las redes de protección social, lo que requiere de una decidida voluntad política que ahora el gobierno no posee.

Todo ello plantea la necesidad de cambiar las políticas para apuntalar con bases sólidas y sostenibles la salida de la crisis, y para que no suceda lo que pasó en 2010, que unas erróneas políticas cercenaron la incipiente recuperación que se estaba produciendo y provocaron la segunda recesión de esta crisis, de la que ahora apenas estamos saliendo.

Este necesario cambio no se encuentra en las propuestas que planteó en el debate sobre el Estado de la Nación el Presidente del Gobierno, que suponen una clara continuidad de las dañinas políticas practicadas, únicamente con algunos parches de tono populista de cara a mejorar su imagen ante las próximas elecciones europeas, pero de muy dudoso efecto. La ciudadanía identifica de manera precisa a este gobierno con el cruel ajuste llevado a cabo en nuestro país, del que es responsable junto a la troika, y que va de la mano de una regresiva agenda social y política incompatible con el desarrollo futuro de nuestro país.

Frente a esta estrategia conservadora, hay otra política que pone de verdad el acento en el empleo y en las personas, que busca una salida más equilibrada de la crisis, y la que plantea reformas de calado para hacer la economía más competitiva a largo plazo. Es la que hemos propuesto desde UGT en nuestro documento “Hacia un nuevo modelo económico y social en España”, que detalla propuestas en torno a seis ejes para hacer a nuestra economía más competitiva basada en la mejora de la productividad y el valor añadido, generar empleo de calidad, mejorar nuestro estado de bienestar y aumentar la transparencia y participación de nuestro sistema democrático.

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